A seis décadas de un duelo excepcional: Suárez/Lemos

A fines de la década del 50, por problemas dirigenciales en el atletismo desde la fundación de la Confederación Argentina, teníamos dos versiones del Campeonato Nacional. En una, participaban la mayoría de los equipos del interior. Pero la otra, organizada por la Federación Atlética Argentina (Metropolitana), reunía a las regiones de mayor potencial, principalmente la Capital y el Gran Buenos Aires. Justamente, el Campeonato Nacional de 1957 en versión FAM se realizó en un tórrido diciembre, en el clásico reducto del atletismo argentino: la pista del Club de Gimnasia y Esgrima (vale aclarar que, hasta principios de los 70, esta pista medía 398 metros, en lugar de los 400 exigibles).

A medida que ha pasado el tiempo y se va tomando dimensión de cierto hechos de nuestro deporte, se puede admirar –una vez más- lo que fue el momento culminante de aquel Nacional: el duelo entre Osvaldo Roberto Suárez y Walter Cándido Lemos en los 10 mil metros llanos. Uno de los momentos más relevantes en la historia de estos campeonatos.

El sábado 14, Suárez había ganado los 5.000 metros con 14m16s6, estableciendo un nuevo récord sudamericano, que mejoraba los 14m20s7 que él mismo mantenía desde el año anterior. Lemos fue su escolta en esa carrera (14m27s1, cerca de su propio registro personal), aunque el resultado no sorprendía. Frente a la garra y la pujanza de Lemos, Suárez poseía una excelente técnica de carrera y, sobre todo, una mayor velocidad final. Ambos eran preparados por dos de los mejores entrenadores que registran nuestros libros atléticos: Don Pancho Mura guiaba los pasos de Lemos desde su llegada a Buenos Aires (proveniente de Sunchales, Santa Fe) mientras Suárez era la nueva “joya” de Don Alejandro Stirling, el austríaco que había llevado a Zabalita hasta la consagración olímpica…

Motivado por aquella marca, y todavía muy joven para estas distancias (tenía 23 años), Suárez no pareció sentir el esfuerzo y salió decidido a los 10 mil llanos, donde Lemos poseía el récord sudamericano con 29m39s8, logrado el 17 de marzo de ese mismo año. Fue una lucha sin treguas, en la que Lemos intentó marcar el ritmo y Suárez nunca le perdió pisada. Una vez más, su sprint le dio la victoria. Lemos repitió su récord, pero Suárez le aventajó en dos décimas (29m39s6, nuevo tope sudamericano).

Hay que tener en cuenta que Suárez-Lemos fue el “duelo de los duelos” por varias temporadas, aunque a veces se turnaban para batir récords o participar en distintas competencias. Sin embargo, ambos fueron víctimas de lo mismo: la represión política. En vísperas de los Juegos Olímpicos de Melbourne, en 1956, se encontraban en espléndida condición y dispuestos para heredar, en el maratón, las hazañas de Zabala, Cabrera, Gorno. La intervención militar decretada por la Revolución Libertadora se ensañó con unos cuántos deportistas (y por cualquier motivo) y en el caso de Suárez y Lemos los dejaron fuera de la delegación. Un dolor insuperable para ambos, un daño por siempre para nuestro atletismo.

En el caso de los 10 mil metros, Suárez y Lemos se habían ido batiendo uno tras otro –y en seis oportunidades- el tope sudamericano, hasta que Suárez fijó esa marca en los Nacionales del 57. La mejoró una vez más en su gira europea de 1959, en Praga, al registrar 29m26s0, registro que permaneció durante dos décadas como tope argentino.

A nivel continental, Suárez se mostró prácticamente imbatible en esos años, coleccionando todos los títulos sudamericanos, panamericanos e iberoamericanos, en una cantidad que ningún otro atleta argentino pudo repetir hasta hoy. Ya en el Sudamericano de 1956, en Santiago, había logrado el triplete (5000, 10.000, medio maratón, con Lemos en el podio de las tres carreras). Lemos, por su parte, fue el triunfador de los 10 mil metros y del medio maratón (1h05m14s) en el llamado “Sudamericano de los campeones”, también en la capital chilena, un año más tarde. Ambos se dieron el gusto de competir –y a veces superar- a varios de los mejores fondistas del mundo como el bicampeón olímpico Vladimir Kuts (URSS) y el británico Gordon Pirie. La lista de los 10 mil metros en 1957 a nivel mundial era encabezada por el británico George Knight con 29m06s4, pero la actuación de Suárez y Lemos en aquellos Nacionales los encumbraron en el top 20.

La oportunidad olímpica recién les llegaría en los Juegos de Roma, en 1960, donde Suárez terminó 9° en el maratón con 2h21m27s, mientras que Lemos ocupó el 50° puesto (otro argentino, Gumersindo Gómez fue 15°). A esa altura, Suárez ya tenía su popularidad asentada, sobre todo por sus tres victorias consecutivas en la Travesía de San Silvestre, en Sao Paulo.

Suárez-Lemos, dos nombres históricos de nuestro atletismo, protagonistas de uno de los mejores duelos (que hoy vale revivir) y también, de una sólida amistad dentro y fuera de las pistas.