Julio Nóbile, otra esperanza en martillo

Por Cristian Gómez / Diario Clarín

Los Juegos Olímpicos de Buenos Aires 2018 finalizaron hace un mes y todavía siguen dejando historias para contar. De los 141 atletas argentinos que disputaron el evento, hay uno que cuenta con una historia muy particular y que tiene sus orígenes en lo más profundo del interior del país.

Julio Nóbile, nacido hace 17 años en el paraje rural La Vanguardia (cuenta con 102 habitantes), ubicado al norte de Santa Fe y a 150 kilómetros del límite con Chaco, compitió para la misión en lanzamiento de martillo y finalizó octavo. “Haber disputado esos Juegos Olímpicos de la Juventud ya fue un sueño cumplido”, le contó a Clarín quien por estos días descansa aunque ya imagina los Campeonatos Sudamericano y Panamericano juveniles de 2019.

Su historia con el atletismo comenzó de una manera muy particular. Pese a que su lugar en el mundo es La Vanguardia (ni siquiera aparece en googlemaps), Nóbile va a una escuela de alternancia en La Sarita, un lugar ubicado a 20 kilómetros de su hogar y en la que tiene 15 días de clases seguidos y luego 15 días libres. Allí, gracias a la incentivación de su profesor de educación física, Bruno Mosiman, a partir de los 11 años empezó a lanzar el martillo y a sumergirse en el mundo del deporte. “El siempre insistía en que hiciéramos atletismo porque como somos pocos chicos en comparación con otras escuelas, no alcanzábamos a armar un equipo completo de fútbol de la misma edad. Entonces insistió e insistió”, recordó Nóbile sobre aquellos primeros contactos con el deporte que lo tiene como protagonista.

Pese a que recibía el constante apoyo de Mosiman y realizaba la actividad a diario, lanzar el martillo no le hacía mucha gracia. “Al principio a mí no me gustaba para nada. Durante el primer año no podía hacer el ‘click’ necesario para poder decir ‘voy a hacer atletismo’. No encontraba la pasión”, contó. Pero después de haberse destacado en varios torneos regionales y nacionales, en los que empezó a ganar y a mostrarse a lo largo y ancho de Argentina, le tomó el gusto al lanzamiento. Ya en 2015, en un Campeonato Nacional recibió la noticia de que había ingresado a la lista de los atletas preseleccionados para Buenos Aires 2018 y esa fue la noticia bisagra para aumentar esa llama de la pasión por el atletismo. “Esa noticia me dio la alegría, la emoción y la pasión necesarias para seguir lanzando”, recuerda con alegría.

Aunque hoy está entre los diez mejores del mundo en su categoría y cuenta con los elementos básicos para entrenarse, en sus inicios eso no fue así. “Cuando Julio empezó a andar bien el abuelo le hizo martillos caseros de plomo de tres o cuatro kilos, con manijas de hierro. Realmente muy rústicos. Recién cuando cumplió los 15 años pudimos conseguirle un martillo de verdad”, le contó a este diario Bruno Mosiman, que además de haber sido quien lo inició hoy es uno de sus entrenadores.

A partir de su ingreso al proceso de clasificación de los Juegos Olímpicos, junto a Mosiman comenzó a trabajar Daniel Gómez (ex e campeón sudamericano de martillo y padre de Joaquín Gómez, también lanzador) como otro de sus entrenadores. “En la fase final de su preparación para Buenos Aires 2018 yo sugerí que no fuera al CeNARD porque era lejos y nosotros íbamos cada tanto. Entonces propuse que viniera a practicar al parque Domínico, donde estoy yo. Así que primero vino con su entrenador santafesino a un hotel de Quilmes durante 20 días y de allí se fue encantado. A partir de allí lo ideal era tenerlo en mi casa ya que su entrenador no podía venir siempre a Buenos Aires. Así que a partir de ese momento fue uno más de la familia. Es como un primo para nosotros”, contó Daniel Gómez.

Este año su mejor marca fue 73.98 metros con el implemento de 5 kg (el 16 de septiembre en Buenos Aires) y en siete concursos tiró por arriba de los 70 metros, incluyendo el Sudamericano u18 de Cuenca, donde obtuvo la medalla de bronce.

En los Juegos de Buenos Aires,  en la sumatoria de sus dos mejores lanzamientos (66,09 y 69,21), Nóbile quedó lejos del podio pero se llevó un diploma olímpico. Aunque no obtuvo una medalla, tanto en La Vanguardia como en La Sarita fue recibido como un ídolo. “A Julio lo recibieron como si hubiera ganado. Para la gente de acá él ganó. Que haya estado en los Juegos, para nosotros y la gente del pueblo equivale a que haya ganado”, concluyó Mosiman, uno de los que transformaron a Julio Nóbile de un humilde chico de pueblo a todo un atleta olímpico.

Julio Nóbile tiene la posibilidad así de integrarse a una especialidad de gran tradición en el atletismo argentino, con nombres que van desde Federico Kleger (olímpico en la década del 30) hasta los que dominaron a nivel sudamericano como José Alberto Vallejo, el citado Daniel Gómez y (actualmente) su hijo Joaquín, Andrés Charadía y el máximo campeón y todavía recordman nacional Juan Ignacio Cerra, también procedente de Santa Fe.