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Nazareno Sasia: “Feliz con esta actuación y por la gente”

Por F. Lema / Diario Clarín – Foto: O. Muñoz Badilla

Mira de reojo a las cámaras, micrófonos y grabadores que lo acechan en la zona donde será bombardeado a preguntas. Lo tiene claro: lo suyo está dentro de la pista. Allí donde quebró dos veces su propio récord ante la multitud que se acercó al Parque Olímpico de Villa Soldati. Es Nazareno Sasia, ese pequeño gigante de 17 años que manda en la competencia de lanzamiento de bala en Buenos Aires 2018 gracias a batir los récords nacional y sudamericano, y a reafirmar por qué lidera el ranking mundial en la categoría de menores de 18 años.

El chico de Cerrito, un pueblo a 50 kilómetros de Paraná, Entre Ríos, es el encargado de abrir la competencia. Y lo hace en forma inmejorable: con 21,58 metros, para que lluevan los aplausos y cierre un puño por lo bajo, en forma de festejo. Es su mejor marca y también representa una presión enorme para los otros siete atletas de su serie.

Y en el cuarto y último lanzamiento, Sasia no se conforma con haber quebrado su marca sino que va por más y lo hace nuevamente. La bala de 5 kilos vuela hasta los 21,94 metros y establece una diferencia de 72 centímetros respecto al bielorruso Aliaksey Aleksandrovich, su perseguidor. Es evidente: la presión de llegar como el número uno del ranking mundial no le hizo ni cosquillas.

Venía con la ilusión de mejorar mi marca. Ya con el primer lanzamiento estaba muy contento, pero lo que salió en el cuarto fue muy bueno, así que estoy muy feliz”, suelta más relajado ante Clarín.

Se sabe que la ilusión crece por su holgada victoria, pero el propio Nazareno es el encargado de poner paños fríos. Al menos hasta el lunes, cuando volverá a la acción. “Estoy muy tranquilo. Volveré a hacer exactamente lo mismo que hoy y, mas allá de lo que suceda, voy a estar contento de todas maneras”, sintetiza.

Sasia naturaliza su facilidad para el lanzamiento. Este chico de 1,93 metro tuvo idas y vueltas con el atletismo. “De más chico practicaba fútbol y atletismo. Y una vez, jugando al básquetbol, llegó mi entrenador y me invitó a entrenarme en su escuela de atletismo. Y bueno, fui”, cuenta Nazareno en forma parsimoniosa, mientras juega constantemente con sus manos.

La historia cuenta que una vez insertado en el mundo del atletismo, Nazareno fue una aplanadora: ganó todas las competencias habidas y por haber. Hasta hubo quienes plantearon en Cerrito que se premie a más de un ganador, dando por sentado que Sasia finalizaría como el líder indiscutido de la competencia.

“Puede ser que se hayan tenido que pelear por el segundo puesto”, responde con una humildad inusual y una risa nerviosa. Y agrega, desviando el foco de la charla: “El pueblo siempre me apoyó y eso me pone muy contento. A fin de año se hace una fiesta del deporte y me nombraron embajador deportivo de Cerrito”.

Germán Lauro, referente de la disciplina que comparte entrenador con Sasia, le cuenta a Clarín: “Naza es el mejor proyecto que tiene el país. Tiene que tener una maduración deportiva y física. Le falta pasar una categoría de juveniles. Es un atleta al que hay que esperar 5 o 6 años para que tenga un crecimiento. No hay que tirarse de cabeza a exigirle resultados”.

Al respecto, Sasia comenta: “Con el Gordo nos conocemos hace un tiempito. Antes de salir a la pista, estábamos hablando de que la idea era disfrutar un poco este marco y que no influya de manera negativa”.

Con relación a ese ambiente particular que sienten los jóvenes atletas al competir en casa, a Sasia parece no afectarle. “En ese momento estaba metido en la competencia, pero igual escuchaba los aplausos. Estoy muy contento y agradecido con toda la gente que vino a ver los Juegos y muy feliz porque me han apoyado”, narra con una sonrisa indisimulable.

La espera no será larga para volver a contemplar su talento en Buenos Aires 2018. Este lunes, cuando a partir de las 14 haga volar esa bala que tan bien maneja, será el turno de apreciar su talento antes que pensar en los logros. A fin de cuentas, es apenas el inicio de un camino prometedor.

María Vicente, la gran carta española en BA 2018

(Nota de Pablo Ramón Ochoa , agencia EFE).  A María Vicente no le gustaba el atletismo, se rebelaba cuando su madre la quería apuntar. Un día la engañaron: le dijeron que iba al cine, la llevaron a una pista y el resto es una historia de película. En Buenos Aires 2018 es la gran esperanza de España y espera darle el “gusto a todo el mundo”.
Eso sí, la atleta catalana de 17 años, que en estos Juegos Olímpicos de la Juventud participará en triple salto al no existir su especialidad, el heptatlón, lo tiene claro en una entrevista con Efe este viernes: “yo lo quiero hacer súper bien y espero darle este gusto a todo el mundo, pero si no sale, bueno, habrá más campeonatos y más oportunidades”. 
Vicente, natural de L’Hospitalet, ciudad del área metropolitana de Barcelona, cuenta su último año por éxitos en un despegue internacional después de colgarse el oro en heptatlón en el Mundial sub’18 de Nairobi en 2017 -“no me lo esperaba para nada”, confiesa- y otro doble oro en la misma especialidad y en triple salto en el Europeo sub’18 en Györ (Hungría) el pasado julio.
A Buenos Aires 2018 llega con ese cartel y comienza a competir este sábado en la modalidad de triple salto, con menos entrenamiento que otras rivales al haber acabado tarde la temporada pasada y llevar solo un mes de entrenamientos.
Sin embargo, es consciente de que hay “presión” y recalca que “todo lo que signifique conseguir una medalla” está bien para ella, sea en la competición que sea.
“Las medallas también son un poco… ¿Cómo explicarlo? Te transmiten todo el esfuerzo por lo que has estado entrenando y es una recompensa a parte de los momentos vividos y la experiencia”, subraya una atleta cuyos referentes en España son la ex saltadora de altura Ruth Beitia y el decatleta Jorge Ureña.
Su entrenador, Fernando Martínez, es uno de los tres técnicos personales españoles que acude a la cita olímpica juvenil de Argentina, y con él trabajó el triple salto las últimas semanas con una preparación similar a la de Györ.
“En el Europeo también hice triple salto tampoco lo entrenamos mucho, así que creo que eso me va a ir bien”, comenta Vicente, que de esa manera fue campeona.
La plusmarquista mundial sub’18 de heptatlón reconoce que es “muy competitiva” y que ganar en Nairobi fue un punto de inflexión para su incipiente carrera.
“Fue como un punto de decir ‘a partir de aquí empieza otra María Vicente’, porque en ese momento yo me di cuenta de que podía llegar a estos campeonatos, de que no me tenía que conformar solo con quedar campeona de España sino que tenía que aspirar a algo más”, sostiene la atleta del club ISS L’Hospitalet.
Mientras dice eso, María mira la Villa Olímpica de la Juventud de Buenos Aires 2018, un evento que acoge a cerca de 4.012 deportistas de 206 países y que se disputa hasta el 18 de octubre, con ella en competición los días 13 y 16.
Es la primera experiencia olímpica de una joven promesa que sueña con Tokio 2020 pero que señala varias veces que lo importante es “disfrutar”, que en el pasado ya estuvo pendiente del “qué dirán” y que así, incluso si gana, “no es lo mismo”.
En la Villa se lo pasa bien, comparte habitación con tres de sus mejores amigas -“nos pusimos muy contentas cuando nos dijeron que podíamos estar juntas”- y conoce a “gente de todos los países”.
“Esta experiencia no me la va a quitar nadie”, afirma con una sonrisa.
Y todo eso sin querer, porque Vicente, de madre española y padre cubano, se negaba a correr en un club aunque ganase todas las carreras populares en la escuela.
Su familia no tuvo más remedio que tenderle una trampa: “me dijeron que me iba al cine y me llevaron a la pista y, bueno, una vez allí como vi a la gente que se lo pasaba bien, no me iba a quedar enfadada en el banco. Me puse a probar y me encantó”. Entre ese momento y Buenos Aires 2018 han pasado seis años y una carrera deportiva meteórica a la que aspira a sumar una corona de laurel.
Menos mal que la engañaron.

Marcos Julián Molina, el héroe argentino de los 21k

Diario Clarín

El tradicional medio Maratón de Buenos Aires dejó este 2018 el triunfo con récord del etíope Mosinet Geremew. Pero también historias particulares de lucha y superación, como la del entrerriano Julián Molina, que con un enorme sacrificio terminó ganando la competencia entre los argentinos. Oriundo de Paraná, habló con Clarín tras la competencia y describió los sacrificios que realizó para poder llegar a Buenos Aires y participar de la competencia.

“Estoy desocupado, vivo en la casa de mi suegro con mi novia. Hago changas y para poder venir vendí 40 docenas de empanadas. Llegué el viernes”, describió emocionado Molina.

Con un tiempo de 1 hora, 4 minutos y 25 segundos, Molina fue el primer argentino en cruzar la meta de la tradicional competencia, que se disputó este domingo en la capital argentina.

Esta vez vine bien preparado. Por primera vez me consagro campeón argentino. Y es mi revancha con Eulalio (Muñoz). Sabía que le podía ganar arriba. Afuera somos todos amigos, todos atletas. muchas personas viven de esto, por eso me las arreglo haciendo changas de pintura, tratando de encontrar un trabajo que me permita entrenar dos turnos”, agregó Molina. Precisamente Muñoz, que terminó segundo entre los argentinos, lo había vencido en competencias anteriores.

Molina contó que comenzó a correr en 2012 y que en 2014 fue su mejor momento. Sin embargo, las dificultades económicas lo obligaron a dejar la actividad en 2015. Después, consiguió un empleo en una fábrica de heladeras en Rosario, a dónde se mudó con su novia. Pero el esfuerzo que le requería la jornada laboral de “12 o 13” horas le terminó dañando la cintura y afectando su actividad atlética.

Después empecé en una fabrica de bicicletas dos meses, me querían blanquear. Ocho horas en armado, pero por reducción de personal me echaron. Me agarraron bajones, pocas ganas de entrenar, volví a quedarme sin trabajo. Aunque siempre tenía la rotisería con mi familia en Paraná”, relató Molina.

Ahora, con la gran actuación en los 21K de Buenos Aires, espera poder conseguir algún sponsor que le permita dedicarse de lleno al atletismo con vistas al sudamericano del año próximo.

 

Foto: por GermánGarcíaAdrasti / Clarín

“Viaje a la intimidad de los mejores corredores del mundo” (en BA)

Por Hernàn Sartori / Producción Diario Clarín

(fotos: Emanuel Fernández)

Escarbadientes. Son escarbadientes. Ni a un maniquí de ropa de marca bien estrecha le entrarían estas calzas llamativas que afinan aún mas las patas de gacela de los cuatro fantásticos que salen de Recoleta sin escalas hasta el Rosedal para dar unas vueltitas.

El etíope Mosinet Geremew y el keniata Bedan Karoki.

Que perdonen el ugandés Maxell Rotich y el keniata Lawrence Cherotich pero acá las miradas se las llevan el keniata Bedan Karoki y el etíope Mosinet Geremew. Y entonces se emprende un viaje a la intimidad de los fondistas más rápidos del año. Las estrellas africanas que el domingo liderarán a los miles de aficionados que correrán el Medio Maratón de Buenos Aires.

Los atletas Bedan Karoki y Mosinet Geremew, en el Parque 3 de Febrero, en la producción para Clarín. Foto: Emmanuel Fernandez

Bedan, de sonrisa fácil, y Mosinet, de rulos y a priori hosco, comparten una habitación del segundo piso de un hotel cinco estrellas, pero allí poco vale el orden. “Están todo el tiempo pasándose de cuarto. Parece un hotel de Bariloche con un contingente de egresados“, cuentan con reserva en el lobby. Déjenlos ser libres que de eso saben estos muchachos.

Karoki, de 28 años, es el humano más rápido en un medio maratón de 2018, luego de ganar el 9 de febrero en Ras al-Khaimah, Emiratos Árabes Unidos, con el cuarto mejor tiempo de la historia: 58m42. Sentado en un jardín de invierno, recién bañado, lanza una advertencia: “Mi objetivo es ganar con un buen tiempo. No sé si superaré mi marca, pero si quieren correr rápido, correremos rápido”.

Geremew (26), el maratonista más veloz del año, al ganar el 26 de enero en Dubai con 2h04m00, toma el guante y desafía: “Lo de Dubai me puso feliz por el tiempo que logré y por el dinero (ganó 250 mil dólares). Veremos qué pasa”.

Los atletas Bedan Karoki, Mosinet Geremew, Lawrence Cherotich y Maxell Rotich, en Palermo. Fotos: Emmanuel Fernández

Los atletas Bedan Karoki, Mosinet Geremew, Lawrence Cherotich y Maxell Rotich, en Palermo. Fotos: Emmanuel Fernández

Que los dos fondistas del momento estén en Buenos Aires no puede ni debe pasar inadvertido. Menos aún si encima entre ellos bromean, se cargan y se prenden en las fotos propuestas entre los frondosos troncos de los árboles del Parque 3 de Febrero.

Se les pide ponerse espalda con espalda, pero la seriedad dura lo que dura una de sus zancadas. Entonces se empujan, se golpean y se abrazan para que sus dientes blancos tomen protagonismo.

Espalda con espalda, Mosinet Geremew y Bedan Karoki. Foto: Emmanuel Fernández

Espalda con espalda, Mosinet Geremew y Bedan Karoki. Foto: Emmanuel Fernández

Aterrizaron el jueves a la noche luego de un vuelo de 16 horas que conectó Addis Abeba, capital de Etiopía, con Ezeiza, previa escala en Brasil. Llegaron tan arruinados que Mosinet ni cenó, pero peor quedó la keniata Vivian Kiplagat, con la valija vaya uno a saber en qué terminal y sin sus zapatillas para entrenarse. Por eso se perdió el Rosedal. Tranquilos, correrá el domingo porque las zapatillas de competencia las tiene. Sí, son diferentes.mundo

Los dedos de los pies de Karoki son territorio minado. Golpes, uñas machucadas y leves desviaciones se notan de cerca porque el keniata camina en chancletas mientras se sirve una tostada con café en la mesa compartida en el desayunador.

Los demás toman té y jugo de naranja, con bananas de postre. Vivian se llevará cuatro a la habitación, recordándole al habitué de esos menesteres que eso no es robo.

Mosinet Geremew se sirve jugo de naranja en el desayuno previo al entrenamiento. Foto: Emmanuel Fernández

Mosinet Geremew se sirve jugo de naranja en el desayuno previo al entrenamiento. Foto: Emmanuel Fernández

Una pasadita por el baño y a la combi. Son las 8.20 y los peatones miran a los escarbadientes por Recoleta. Los compatriotas Karoki y Cherotich comparten la segunda fila de asientos y, casi en el fondo, Gerinew se despatarra sobre la pana violeta. Los cuatro chusmean el Parque Las Heras por las ventanas, en silencio, hasta llegar a Del Libertador, pasar por el frente de la embajada de Estados Unidos y recalar en el Rosedal.

El etíope Mosinet Geremew descansa en la combi que lo lleva al Rosedal. Foto: Emmanuel Fernández

El etíope Mosinet Geremew descansa en la combi que lo lleva al Rosedal. Foto: Emmanuel Fernández

Nicolás Veliz no puede creer que lo que ve es lo que le prometieron: será el guía del cuarteto africano por Palermo durante los 40 minutos de trote. “Ésta vino de allá y obviamente me la puse”, cuenta sobre la remera de manga larga con la bandera de Kenia del lado del corazón.

Darán dos vueltas cortitas para las cámaras, a un ritmo de 5m15 el kilómetro, y después se mimetizarán con “la” zona donde la patria que corre pisa firme.

Los atletas africanos, en pleno Rosedal. Foto: Emmanuel Fernández

 

“Terminamos a 4m15, pero creo que si seguíamos una hora bajan hasta 3m30 por kilómetro. Su soltura es impresionante. Bah, en realidad al etíope lo noté un poco duro y lo mandé a hacer pasadas”, bromea Veliz cuando todos ven a Geremew dar zancadas largas y veloces durante 100 metros.

Maxell Rotich se entrena con pasadas en Palermo. Foto: Emmanuel Fernández

Maxell Rotich se entrena con pasadas en Palermo. Foto: Emmanuel Fernández

Se sorprenden con la cantidad de paseadores de perros en el lugar y con algunos de los canes que los siguen a unos metros. Elongan debajo del monumento al poeta ucraniano Taras Shevchenko y toman sorbos de agua mineral recién comprada. Charlan. Se molestan. Y cuando sienten frío enfilan de nuevo para la combi a la que también se sube Clarín.

El almuerzo requiere carbohidratos y por eso las pastas están en sus dietas. Pero hay mucha fruta, especialmente bananas. “Bueno, a mí me gusta la carne”, dice Geremew, el de los 250 mil dólares en el banco. Coinciden en la importancia del tiempo de descanso y cuentan que para ir fuerte el domingo deberán dormir ocho horas. Lo tienen agendado y lo cumplirán.

El etíope de rulos hace rato que abandonó la cara de dormido y parece otra persona. Con un inglés monosilábico, contará que reside en Addis Abeba, que sus hermanos menores de 18 y de 15 también corren, que disfruta su momento en la cumbre y que “la motivación” es lo que mueve a los miles que irán detrás suyo en el medio maratón, como fueron 24 mil atrás en una carrera en su país. Y lo celebra.

Mosinet Geremew vive en Addis Abeba y es el maratonista más veloz del año. Foto: Emmanuel Fernández

“Yo jamás pensé en que sería un atleta profesional tan fuerte”, dice Karoki, quien nació en Gwa Kungu Village, pero terminó la secundaria en Sera, una escuela pública de Japón, porque llevan adelante un plan para educar a jóvenes talentos del mundo mientras fomentan sus destrezas físicas.

Aún vive en el país asiático, aunque le dieron permiso para entrenarse en Kenia desde fines de julio hasta después de correr el Maratón de Chicago, en octubre. “Es una buena idea entrenarte para tener el cuerpo en forma”, afirma como consejo a los aficionados, al tiempo que admite que mientras corre hace cálculos constantes para saber cuándo puede cambiar el ritmo y definir una carrera.

Bedan Karoki encabeza la fila de atletas que sale del hotel en Recoleta con destino al Rosedal. Foto: Emmanuel Fernández

“Desde que te convertís en profesional, correr se convierte en un trabajo”, coinciden Karoki y Geremew sobre algo que no puede ser difícil de entender para alguien informado. Si corren 40 kilómetros diarios, excepto un único turno de 20 en un día del fin de semana, para llegar a entre 800 y 900 kilómetros mensuales, ¿cómo no considerarlo un trabajo?

A enseñárselo y repetírselo entonces hasta el hartazgo al porteño cancherito que ayer a la mañana vio correr a estos cuatro africanos cerca del golf de Palermo y lo único que se le ocurrió gritarles fue: “¡Dale, negro, corré que el domingo te agarro!”.

No creo, hermano, porque ellos se lo toman en serio y no quieren sumar seguidores en sus redes haciéndose los vivillos desde la falta de respeto. Son atletas. Son los fondistas más veloces del año. Y es un orgullo que el domingo marquen el camino en el Medio Maratón de Buenos Aires.

Sebastian Coe, entrevista exclusiva en Buenos Aires

Durante su reciente visita a Buenos Aires para la sesión del Consejo de la IAAF y para el Centenario de la Consudatle, la máxima autoridad del atletismo mundial y leyenda de este deporte, Sebastian Coe, brindó una entrevista exclusiva al diario Clarín. Allí  abordó todos los temas de actualidad de nuestro deporte.

El cielo está encapotado. Llovizna en el atardecer de Buenos Aires. El tráfico desborda en la 9 de Julio. Las luces de los carteles iluminan al Obelisco. Desde el 16° piso del Hotel Panamericano, Sebastian Coe se detiene a contemplar esa postal. Su físico espigado no se ha resentido con el tiempo. Es más, no da 61 años ni por casualidad. Se sienta frente a Clarín, acomoda su pelo entrecano y se dispone a una charla de media hora sobre atletismo y mucho más.

Es que esta leyenda británica, el único ganador de los 1.500 metros en dos Juegos Olímpicos consecutivos (Moscú 1980 y Los Angeles 1984), le escapa a entender el atletismo como un mero deporte. Su desafío, como presidente de la IAAF, es entenderlo como producto, como entretenimiento y como capaz de cooptar a las nuevas generaciones. Y entonces se engancha en el diálogo sin elevar jamás el tono ni perder el toque british.

A los 61 años, Sebastian Coe preside la IAAF y apunta a que más espectadores se sumen al atletismo no sólo como deporte sino como entretenimiento.
Foto: Juano Tesone

A los 61 años, Sebastian Coe preside la IAAF y apunta a que más espectadores se sumen al atletismo no sólo como deporte sino como entretenimiento. Foto: Juano Tesone

-Usted fue un atleta consagrado en una cierta época y ésta es una era absolutamente distinta. ¿Qué diferencias evalúa como las más importantes?

-Hoy el atletismo tiene más competencia. Pero nuestra competencia no es sólo la natación u otro deporte olímpico o casos como el biatlón, furor en Europa del Norte en algo que no hubiéramos imaginado hace 15 años. Tenemos mucha competencia extradeportiva y por eso debemos asegurarnos en ser relevantes en la vida de los jóvenes. No podemos continuar pensando que el público va a seguir sentándose en un estadio durante cinco, seis o siete horas mirando tres o cuatro disciplinas por hora. No funciona así.

-¿A qué apuntan?

-Tenemos que ser más innovadores, con eventos más rápidos y que fluyan. Y que los fans entiendan mucho más sobre esto. Debe existir un calendario claro y en eso ayudará el nuevo ranking mundial, para que la gente sepa genuinamente quién es el número uno. Es extraordinario que en el atletismo no se sepa realmente quién es el número uno. Vas a Wimbledon y sabés quién es el número uno. Y en el golf también. Los fans deben entender quiénes son estas personas y por qué hay alguien que es el número uno.

En la entrevista con Clarín, Sebastian Coe dijo que Bolt y Ali fueron los deportistas más carismáticos de la historia.
Foto: Juano Tesone

En la entrevista con Clarín, Sebastian Coe dijo que Bolt y Ali fueron los deportistas más carismáticos de la historia. Foto: Juano Tesone

-Cada época tuvo sus íconos y estrellas deportivas. ¿Coincide en que lo curioso de esta era es que los atletas de elite también son marcas?

-Sí.

-¿Es peligroso?

-No. Usted está en el periodismo y sabe que va a estar instintivamente atrapado por alguien que sea comunicativo, claro, abierto, expresivo, articulado. Yo les digo a los atletas que su performance es su pasaporte, pero que tiene que haber más que eso. Debés tener personalidad y la habilidad de venderte a ti mismo y al deporte. Sé interesante. Tené algo que decir. Y, sí, a veces en alguna conferencia de prensa escucharé que un atleta da una respuesta que me hará decir: “Oh, really!” (se agarra la cabeza). Pero prefiero que generen eso.

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Mi nombre es Bolt… Usain Bolt

-¿Cómo no extrañar entonces la magia de Usain Bolt?

-De Usain Bolt no se habla simplemente porque ganó oros olímpicos en tres Juegos consecutivos. No se lo analiza por la puerta del deporte. No es que solamente perdimos a un velocista ganador. Perdimos a alguien que llenaba la habitación. Es una personalidad. Bolt llenaba el estadio.

-El deportista más carismático de los últimos 20 años…

-Coincido con usted, pero como soy más viejo sólo puedo pensar en otro deportista que haya captado la imaginación de varias generaciones de personas a nivel global: Muhammad Ali.

El jamaiquino Usain Bolt, ícono del atletismo, en Río 2016.
Foto: Maxi Failla

El jamaiquino Usain Bolt, ícono del atletismo, en Río 2016. Foto: Maxi Failla

-Lógico. Aunque Ali no sólo fue ícono deportivo sino que sacudió por sus posiciones políticas firmes…

-Soy un fan del boxeo. Si estuviéramos en la Buenos Aires de 1970, cuando Ali peleó contra Bonavena, la conversación que tendríamos es quién vendría después de Ali. Bueno, Floyd Mayweather, Manny Pacquiao, Julio Chávez, Félix Trinidad, Marvin Hagler, Tommy Hearns… Todos vinieron después de Ali. Siempre habrá talento. Si estuviéramos en 2002, nos preguntaríamos quién vendría después de Michael Johnson (figura de los 200 y los 400 metros). Bueno, al mismo tiempo Bolt ganaba los 200 metros en el Mundial Juvenil en Kingston. No creo que no venga más talento. De hecho, Noah Lyles acaba de correr los 200 metros más extraordinarios que haya visto desde hace tiempo (el 20 de julio, marcó 19s65). El talento viene, pero ese talento necesita entender que a un atleta probablemente no le alcanzará de ahora en más con ser conocido.

-Bolt fue el rey de la relación con el público. Y hasta fue capaz de bailar samba segundos antes de la final de los 200 metros en Río de Janeiro 2016…

-Era diferente. Era un showman. Tenemos que entender que nuestra actividad es el deporte, pero nuestro negocio es el entretenimiento. Es simple como eso.

-O sea que deben mejorar la venta del producto “atletismo” hacia un público global.

-Das en el punto. Uno de nuestros objetivos es hacer que el deporte sea más entendible para la gente. Muchas de las reglas del atletismo no cambiaron jamás. Muchos deportes han adaptado sus reglas, como el hockey o el rugby. Necesitamos eso. Y necesitamos un calendario y asegurarnos que tengamos espacio para explicar los torneos y mejorar la televisación y las presentaciones en los estadios. No es fácil. Yo puedo mirar tenis y entenderlo sin ser un experto. Pero cuando la gente entra al estadio de atletismo y ve en un lugar salto en alto, por allá jabalina y en el fondo salto en largo, hay que explicarle lo que son. Debemos hacer más entendible el atletismo a los fanáticos, a los atletas, a los sponsors y a los periodistas.

La explosión del hecho de correr al aire libre como forma de vida escapó desde hace años a una moda pasajera para convertirse en un fenómeno sociocultural. Cientos de miles de personas salen a trotar, se entrenan y participan en carreras de calle por el motivo que sea. Se verá nuevamente el 26 de agosto y el 23 de septiembre en Buenos Aires, cuando miles corran el Medio Maratón y el Maratón de la Ciudad.

Sebastian Coe valora el fenómeno del "running" y apunta a atraer a quienes lo practican hacia el atletismo.
Foto: Juano Tesone

Sebastian Coe valora el fenómeno del “running” y apunta a atraer a quienes lo practican hacia el atletismo. Foto: Juano Tesone

-¿Qué significa para usted que en Buenos Aires haya habido el año pasado 22 mil inscriptos para el medio maratón y casi 11 mil para el maratón, y que en el país corran miles más todos los fines de semana?

-Es fantástico. Argentina tiene una gran población que es loca por el deporte. El fútbol es una religión, lo sé. El rugby y el básquetbol son grandes deportes. Uno de nuestros desafíos es que el atletismo sea visto por los jóvenes como un pasaporte para su propio desarrollo deportivo. Necesitamos más fans. Es sencillo.

-¿Lo asombra este fenómeno mundial? ¿Cómo lo interpreta?

-Mira, en mi país, en mi ciudad o en Buenos Aires, los sábados a la mañana miles de personas salen a correr. Lo hacen por salud, para mejorar su estado físico, por salvación personal, por un fin solidario con caridad hacia otros, por un desafío, para perder peso… Es una habilidad básica, no es complicado y no demanda una gran inversión. La gente hace lo que hacemos nosotros más que en cualquier deporte. Corre más gente de la que anda en bicicleta. Lo podés ver donde sea.

-En una carrera de calle, la masa se da el gusto de recorrer al mismo tiempo el mismo circuito que los mejores. En el tiempo que sea, claro…

-En un maratón ves todas las edades, etnias, formas y tamaños. No puedo pensar en otro deporte que tenga más diversidad. Es muy democrático. No me importa por qué salen a correr. Lo que necesitamos es comprender más la motivación de esas personas. Hay muchos deportes que tienen muchos seguidores pero no la misma participación. La nuestra es enorme. En cualquier ciudad del Reino Unido, Alemania o Argentina, hay gente corriendo todo el tiempo. Esta mañana vi por la ventana gente corriendo en invierno. Tenemos que asegurarnos galvanizar eso para una fortaleza comercial con nuestros socios.

-¿No sería bueno que las carreras de calle recaudaran fondos para apoyar a los atletas de elite?

-Si miras nuestro deporte, mucho de él se mantiene a flote por lo que pasa en la ruta y en el cross country con participaciones masivas.

Coe insiste con generar empatía con el ser humano de a pie que se enamoró de trotar y entendió lo que es correr al punto de sumarse como audiencia televisiva del atletismo. Y el británico saca de la galera una analogía para entender su objetivo.

“Yo no juego al golf, pero estoy seguro de que quienes juegan, cuando se van de la cancha probablemente por unos pocos momentos piensan que son Tiger Woods. Hasta que saben que no lo son. O cada chico que juega en un pedazo de tierra se imagina ser Lionel Messi en un partido –explica-. El desafío que tengo es que cuando una mujer de 40 años baje las dos horas en el medio maratón por primera vez, lo celebre y piense que está en un deporte y que tiene algo en común con Usain Bolt. Tenemos que conectar a la gente que practica nuestro deporte con la familia de la pista y del campo. Pero es complicado porque es un deporte con muchas disciplinas. La universalidad del atletismo es una fortaleza pero también una debilidad”.

-¿Por qué una debilidad?

-Porque nuestro deporte se manifiesta a través de muchas cosas. No se trata sólo de Usain Bolt ni tampoco de miles corriendo un medio maratón en Buenos Aires. Si vas al Mundial, ves más de 200 banderas en el estadio. No hay deporte que tenga tantos países compitiendo. Y nuestro deporte no depende del tamaño del país o de la población porque no está sólo Estados Unidos, ya que de Burundi pueden salir los ganadores de los 1.500 o los 10.000 metros. Hay federaciones que invierten millones, es cierto, pero en definitiva en lo básico el atletismo es la más simple forma de actividad física.

Es tiempo de la despedida y Sebastian Coe no pierde la humildad ni cuando se tocan sus logros más preciados.

-¿Cuánto significan sus medallas olímpicas?

-Sintetizan el hecho de que hubo un grupo de personas que trabajó conmigo con preparación y pasión, desafiando la ortodoxia. Tuvimos sed para la exploración personal y así lo hicimos. Tuve la suerte de contar con grandes entrenadores y con el apoyo de mi familia.

-Y triunfó…

I got by.

Sí, se las arregló bastante bien el hombre.

Dueño de una carrera estelar

Sebastian Newbold Coe nació en Londres el 29 de septiembre de 1956 y se especializó en el mediofondo.

En 1979, batió los récords mundiales de los 800 (1m42s33) y 1.500 metros (3m32s03) y de la milla (3m49) en 41 días.

Fue campeón olímpico de los 1.500 en Moscú 1980 y Los Ángeles 1984, y plata en los 800 de ambos Juegos.

Miembro del Parlamento británico en los ‘90, fue el director de la candidatura y del Comité Organizador de Londres 2012.

Y en 2015 asumió al frente de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF).