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Otilio Rosa, gran figura en la velocidad

Por CANDELA MAZZONE / diario Clarín

Sus raíces son centroamericanas, pero hoy sus pies pisan fuerte en el país. Otilio Rosa nació hace 21 años en República Dominicana y a los 9 desembarcó con su familia en Quilmes. En la ciudad bonaerense encotnró hogar, amigos y descubrió sus virtudes en el atletismo. En 2018 obtuvo la medalla dorada de los 200 metros llanos durante el Campeonato Sudamericano u23, una distinción que no había logrado ningún velocista argentino en el historial de ese certamen.

Mi mamá vino a la Argentina porque nos quería dar una vida mejor. Acá empecé, además del colegio, a practicar atletismo. Como me fue bien y demostraba muchas ganas de crecer, a los 16 me probé en el Club San Lorenzo”, cuenta Rosa, quien encabeza el ránking nacional absoluto de 100 y 200 metros.

Durante las últimas cuatro temporadas demostró sus cualidades y fue uno de los mejores en las categorías juveniles. Sin embargo, recién pudo empezar a representar a la Argentina en septiembre de 2018 al obtener la nacionalidad. Y enseguida debutó en Cuenca.

“Me gustó mucho el atletismo. Cuando empecé, vi que podía conocer muchos lugares a través del deporte”, cuenta. Y destaca el gran apoyo de su entrenador Ricardo Gaviola: “Me llevo muy bien con él, fue quien confió en mí desde el primer momento. Lo quiero mucho, es como mi segundo padre. A la mañana hago acondicionamiento físico, voy al gimnasio y a la tarde, las pasadas”.

Otilio Rosa también recibió el premio Jorge Newbery como mejor atleta del 2018 en el ámbito metropolitano: “Fue una alegría muy grande por el esfuerzo que uno hace día a día. Y me da motivación”.

Ahora sus objetivos son el Campeonato Sudamericano de mayores y clasificar para los Juegos Panamericanos, ambos eventos en Lima.

“Me encantaría dedicarme a pleno al atletismo, me estoy formando para eso. Tengo el apoyo de mi mamá y el deporte también me permitió conocer gente y hacer de muchos amigos”, señala.

 

Ficha técnica

. Otilio Rosa nació el 7 de octubre de 1998. Sus mejores marcas son 10s.45 en 100 metros (lograda el 25 de marzo de 2018 en Concepción del Uruguay) y 21s.06 en 200 (el 30 de septiembre de 2018 en Cuenca). Así se ubica 7° y 5° respectivamente en el ránking nacional permanente, además de encabezar los ránkings nacionales de ambas pruebas en esa temporada.

. Su marca de 200 metros, además, le permitió igualar el récord nacional u23 que había establecido Carlos Gats en 1990.

. En esa misma distancia también posee un registro de 20s.81 con viento a favor (2,6 ms), logrado el 31 de marzo pasado en Buenos Aires.

. En su debut internacional por la Argentina, en el Sudamericano u23 de Cuenca, además de ganar los 200 metros con 21s06 fue subcampeón de 100 metros con 10s50, e integró los relevos 4×100 y 4×400 que lograron cuartos puestos.

. En 2016 compitió en el Nacional u20 en Mar del Plata, donde ganó los 200 metros y la posta 4×100 de FAM, y fue subampeón de 100.

. En 2017 en el Nacional de la misma categoría y también en Mra del Plata, logró los 100 metros y la posta corta, y fue subcampeón de 200. Ese mismo año se destacó en el Nacional u23 de Rosario con tres títulos: 100 y 200 metros, y posta 4×100. Sus mejores marcas al despedirse de la categoría juvenil eran 10s.69 en 100 y 21s.22 en 200.

. En 2018 participó en el Nacional de mayores en Rosario, donde ganó los 200 metros con 21s21 y escoltó a Matías Robledo en 100, quedando también subcampeón con la posta corta. Y en el Nacional u23 hizo doblete (10s45 en 100, 21s36 en 200) y medalla de plata con la posta corta.

Lauro, “su” Trenque Lauquen y la etapa final de su campaña

Fuente: Diario Líder / y web Deporte Lauquen

Germán Lauro es un hombre sin tiempo. No es una metáfora de lo eterno, aunque bien podríamos denominarlo así también, es un hecho real. Entre los entrenamientos, los compromisos con sponsors, sus horas de estudio y sus actividades personales cuesta encontrar 15 minutos para acordar esta entrevista que viene dilatándose en los últimos días. Pero en esencia este gigante de más de 100 kilos nunca dejó de ser un chico de pueblo. Entonces no se embarcará para pasar año nuevo fuera de la ciudad sin antes levantar el teléfono y acordar el encuentro periodístico sin intermediarios, sin agentes de prensa, sin comunity manager ni nada por el estilo. Llama y acuerda “en 15 minutos nos encontramos”. La charla girará mucho sobre el pasado, de los 20 años de trayectoria, pero más de futuro, porque a los 34 años sabe que el tiempo por venir en la alta competencia es acotado y dice que comienza a hacerse la idea del retiro.

Lauro es el deportista de la era moderna más importante de Trenque Lauquen. Un atleta olímpico de los top ten; una estrella para los sponsors y la prensa nacional pero en el fondo, y volvemos sobre el concepto, nunca dejó de ser un chico de pueblo. Por eso, si bien se mueve como pez en el agua en la Gran Manzana neoyorquina o en los Campos Eliseos parisinos, a Germán nunca dejamos de verlo en la cola del banco, en la caja del supermercado, acompañando algún emprendimiento nuevo, poniendo su rostro o nombre para todo tipo de campaña solidaria o de bien público, siendo el embajador más importante de nuestro distrito.

Todo esto voy pensando camino a su casa, donde vive junto a sus padres cuando está en Trenque Lauquen. El mismo lugar donde lo entrevistaban cuando a finales de la década del 90 vendía pollos para pagarse los viajes para competir. 20 años después, alguna que otra final de Juegos Olímpicos encima y docenas de medallas colgadas de cuello, Germán abre la misma puerta.

-¿Cómo cerrás el año?

-Un año complicado y atípico porque casi no tuve competencia. Después de la operación tuve este 2018 casi sabático, la idea era empezar después de agosto pero una vieja lesión de rodillas me complicó y sólo pude tener una competición en el plano formal. Hubo que parar y volver a recuperar la rodilla. Después de 20 años me pasan facturas los años, tanto tiempo de entrenamiento se acumuló y a veces esto pasa, he llegado a esta edad bastante sano pero se dificultan las lesiones.

-Con este presente ¿cómo mirás el 2019?

-Hay tres competencias importantes para nosotros el sudamericano, el panamericano y el mundial. Sería bueno poder estar en las tres, pero hay que ver cómo responde el cuerpo, hemos tenido que modificar varias cosas para poder llegar.

-¿En qué instancia de tu carrera estás?

-Estamos en el final, estoy contando los últimos días. Este año sufrí mucho por las lesiones, para cualquier deportista enfrentar lesiones es algo que se sufre. Querés volver y aparece otra lesión y se hace complicado. Tengo 34 años. Era el más chico cuando empecé en el plano internacional y hoy soy el más grande. La mayoría de los atletas de alto nivel tienen menos de 28 años y eso se nota. Hoy la recuperación es más larga, no puedo entrenar de la misma manera que antes y vamos tratando de acomodarnos para hacerlo de la mejor manera posible.

Cuando miras para atrás ¿qué ves?

-En marzo serán 21 años. Se me pasaron volando, son un montón de recuerdos y más de la mitad de vida dedicada al deporte. Uno se va preparando para cuando tiene que dejar, vas viendo eso que hay menos tiempo adelante y más pasado. Al ser uno de los más viejos, ves que muchos se retiraron y la fecha se va acercando.

En esta etapa de tu carrera ¿cómo está la relación con tu ciudad?

-El deporte me dio un nombre y un reconocimiento que fui adquiriendo a través de obtener logros. Mi relación con Trenque Lauquen siempre fue la misma, soy un poco más conocido nada más. Yo me siento cómodo en mi ciudad, nunca me sentí diferente a nadie yendo al banco, al supermercado o cualquier lugar. Mi vida cotidiana nunca cambió.

Siempre hablás de Trenque Lauquen, en cualquier lugar del mundo donde estés.

-Es una ciudad que a mi me gusta. El que tuvo la suerte de viajar lo puede notar. Tener una ciudad modelo no es fácil. Uno siempre tiene algo para hablar de Trenque Lauquen, sentimos orgullo por las cosas positivas y el crecimiento de estos últimos 30 años. Tuve la suerte de conocer gente de afuera que se radicó en la ciudad y está maravillada. La ciudad me dio mucha alegría, hay gente que vio mis 20 años de carrera. El día que volvimos con Carlos Llera de los Juegos Olímpicos 2012 mucha gente nos estuvo esperando, hay gente que nos acompaña desde que vendíamos pollo en el CEF y muchos sin saber colaboraron para que pueda llegar a unos juegos olímpicos comprando pollo, yendo a una cena beneficio.

Creo que la gente rescata que sos el mismo chico de pueblo que vendía pollos en 1998 aunque hayas ganado muchos premios.

-Siempre traté de ser el mismo, siempre acá estuve cómodo. No tuve que inventar un personaje, siempre me mantuve en el mismo perfil, que sea más conocido no me hace distinto a nadie, más aún a veces me da vergüenza que todos me conozcan.

-¿Sentís como una presión que muchos chicos se referencian en vos?

-Está bueno sí, no es una presión eso. Una de las cosas que pudimos demostrar con Carlos es que un chico cualquiera de Trenque Lauquen pudo llegar a la final de los Juegos Olímpicos, y ese es el mensaje. Un chico que lo ve de afuera puede pensar “yo también puedo llegar, si éste lo hizo por qué yo no”. Nosotros queríamos mostrar eso, que un chico del interior con esfuerzo, entrenamiento y dedicación podía alcanzar esos objetivos y eso es una referencia para los chicos. Fue una lástima que en 2002 cuando me fui de la ciudad se perdió ese grupo de jóvenes que estaba entrenando. Hoy se está rearmando y me parece muy bien.

Antes dijiste que te estabas preparando para la despedida. Más allá de lo deportivo ¿cómo se prepara la persona para el adiós al deporte?

-Preparándome es una manera de decir, siempre es complicado en Argentina. Estoy estudiando quiero terminar la carrera de contador. Como en el 2018 no competí aproveché y adelanté materias. Tengo muchas propuestas de diferentes cosas pero no sé qué es lo que haré el día de mañana. Tengo propuestas en lo local y en otras ciudades. Directa o indirectamente voy a seguir vinculado al deporte, no será fácil desprenderse de esto.

Sos un referente del distrito y la gente te ve de esa manera. ¿Cuál es el deseo para estas fiestas para la comunidad?

-Le deseo a los vecinos un 2019 lo mejor posible, venimos en épocas complicadas les deseo el mejor año y hay que seguir remando y trabajando para salir adelante.

Entonces la entrevista se termina. Germán habla un poco de la ciudad, del viaje que hará, de las fiestas, de algún familiar y de esas cosas que hablamos nosotros en los pueblos, el lugar del que nunca se fue Germán Lauro.

Pablo Zaffaroni, entre sueños olímpicos y… ¿de actor?

Por LUCIANA ARANGUIZ / Diario Clarín

(fotos, por Juan Manuel Foglia / Clarín)

“Amo la actuación y me gusta mucho el cine. Yo siempre dije que quería ser como Leonardo Di Caprio, pero uno no puede ser tan crack (risas). Así que estoy a mil con el deporte y no voy a parar hasta que llegue a unos Juegos Olímpicos”. Así, en pocas palabras y sin muchas vueltas, Pablo Zaffaroni deja saber que aunque en su corazón hay lugar para más de una pasión -el salto con garrocha y la actuación-, hoy su cabeza y su cuerpo están dedicados al atletismo, al que llegó casi de casualidad y que le permitió tener, a los 17 años, su primera experiencia olímpica en Buenos Aires 2018.

Pablo Zaffaroni, en Buenos Aires 2018. Foto: Juan Manuel Foglia

 

A los once años, Pablo tenía mucha energía y una prometedora carrera por delante como gimnasta. Pero la primera vez que tomó una garrocha y se impulsó hacia el cielo, supo que había encontrado su pasión.

“Siempre estuve muy loco. Cuando era chico era muy inquieto y entonces mis papás me llevaron a hacer gimnasia artística para que descargara energía. Me gustaba mucho, pero un día mi profesora de Educación Física en el colegio, Patricia Lescano -que hoy es mi entrenadora-, me propuso que probara con atletismo. No sé cómo se dio cuenta que podía ser bueno para el salto con garrocha, pero me hizo probar y me encantó. En esta disciplina encontré la adrenalina y la emoción que estaba buscando“, le cuenta a Clarín el entrerriano.

Los primeros años no fueron fáciles. En Concepción del Uruguay, su ciudad natal, no tenía la infraestructura para el salto con garrocha y con su entrenadora debían arreglarse con las colchonetas de salto en alto para practicar. Y viajaban a Concordia un par de veces por semana para pulir la técnica propia de su disciplina. Nada lo frenó y en las últimas temporadas dio un salto de calidad.

En 2017 se colgó la medalla de oro en los Juegos Sudamericanos de la Juventud, en Santiago de Chile, con una marca de 4,87 metros. En abril de este año consiguió su mejor registro en un torneo en Torrance, California. Allí saltó 5,25 metros, que lo posicionaron en lo más alto de los ranking sudamericanos Sub 18 y Sub 20.

Y en la recta final para los Juegos Olímpicos de la Juventud, se consagró tricampeón argentino Sub 18 en Buenos Aires, se llevó el título en el Sudamericano de esa categoría en Cuenca, Ecuador -ambos con 4,90 metros-, y terminó décimo en el Mundial Sub 20de Tampere, Finlandia, con 4,80.

Pablo Zaffaroni, en pleno salto con garrocha en Buenos Aires 2018. Foto: Juan Manuel Foglia

 

Así llegó a Buenos Aires 2018 con mucha ilusión de subirse a un podio, pero su actuación no fue la esperada. “Para saltar bien hay que controlar tres cosas: sentimientos, mente y cuerpo. El primer día de competencia en los Juegos sentí la presión y fue mucho para mí. La gente estuvo genial, pero yo no lo pude manejar. El segundo día sí manejé muy bien lo mental, pero técnicamente estuve mal”, analiza quien finalizó 14° tras haber quedado sin marca en la primera etapa y haber saltado 4,92 metros en la segunda.

Más allá de ese resultado, Zaffaroni admite: “Buenos Aires 2018 fue muy importante para mí. Como deportista me nutrí un montón, aprendí mucho, hice nuevos amigos y tomé conciencia de la dimensión increíble de unos Juegos Olímpicos“.

El entrerriano sabe que éste es solo el comienzo y que si sigue trabajando como hasta ahora, tiene por delante un futuro brillante. Tal vez por eso no duda a la hora de elegir en qué enfocará su energía durante los próximos años. Quiere terminar el colegio, tal vez comenzar a estudiar una carrera y no descarta la posibilidad de incursionar en la actuación. Pero sabe que su principal objetivo irá por otro lado.

Pablo Zaffaroni, el garrochista que quiere ser actor. Foto: Juan Manuel Foglia

 

“Siempre dejo abiertas las puertas para nuevas experiencias. Si tengo la oportunidad de actuar, obviamente voy a intentarlo. Pero ahora mi cabeza está en el deporte. Se vienen muchas cosas lindas y vamos a tratar de hacer las mejores marcas posibles para estar en todos los torneos que podamos”, explica.

Y con una soltura y una seguridad que asombran para su edad, avisa: “Quiero competir en unos Juegos Olímpicos. Si no se da, fue porque la vida no lo quiso así. Pero yo sé que lo voy a buscar como sea. Voy a intentar cumplir ese sueño hasta el último día de mi vida“.

Andrés Calonje, a medio siglo de sus récords de velocidad

(Luis Vinker – Diario Clarín) (Fotos: Mauricio Nievas)

El tiempo ha pasado –medio siglo, nada menos- pero el hombre está allí, su vitalidad intacta. Aún continúa con su rutina laboral (atiende su estudio de abogacía en pleno centro de La Plata) y su actividad deportiva. “Hay que mantenerse en forma, un poco de caminata, otro poco de gimnasio y pesas”, apunta. A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo: serenidad y orgullo, ni lamentos ni nostalgia. Fue hace medio siglo, tal como apuntábamos (y le apuntamos), que batió en pocas semanas los récords argentinos de los 100, 200 y 400 metros llanos, convirtiéndose así en el primer velocista del país en mantener simultáneamente los tres topes. Recién Carlos Gats, mucho tiempo después, alcanzó sus marcas, y dispuso durante un breve período de aquella “triple corona”. Pero la valía de Calonje parece crecer con el tiempo. Fue el hombre que alcanzó el legendario récord nacional que Bönhoff fijó en los 100 llanos (10s.3), el primero en correr los 200 metros por debajo de 21 segundos, el primero en bajar los 47 segundos en 400. Y el último velocista argentino –desde Quito 1969 hasta hoy- que ganó una competición en un Campeonato Sudamericano de mayores.

“De todos modos tiene sentido comparar las épocas. La mía no tenía nada que ver con la actual, sobre todo por la estructura del deporte, la calidad de las pistas y los cambios en los sistemas de entrenamiento”, afirma. En nuestro país no existían las pistas de material sintético, que tanto favorecen la progresión técnica de los atletas, y Calonje apenas corrió sobre ellas en sus escasas incursiones internacionales. Su contacto con el “mundo” del atletismo se limitaba a alguna competición, de vez en cuando. Tampoco tenía un entrenador personal. “Me entrenaba solo, en La Plata, con los consejos de algún profesor como Rondanino que fue quien me llevó al atletismo. O con algún plan que me pasaban desde Buenos Aires. Para preparar los Juegos Olímpicos de México leí en una revista el sistema que había utilizado Livio Berutti, el italiano que ganó en los Juegos de Roma. Mirá lo que son las casualidades, lo tuve de rival en los Juegos. La realidad es que me entrenaba como podía, principalmente por la noche cuando salía de la Universidad. Y nunca más de tres veces por semana. De preparación física, lo básico”, cuenta.

A medio siglo de un podio que marcó la historia y la lucha contra el racismo
A medio siglo de un podio que marcó la historia y la lucha contra el racismo

En aquellos históricos Juegos Olímpicos de México, hace 50 años, Andrés Calonje alcanzó su mejor nivel atlético. Y le tocó compartir –y competir- con aquellos fenómenos que aún hoy se recuerdan con idéntica admiración: Jim Hines, el primero en quebrar la barrera de los 10 segundos en 100 metros. O John Carlos y Tommie Smith, los hombres que protagonizaron el mayor desafío al poder con sus puños envueltos en guantes negros, en la ceremonia de premiación. Los símbolos del Black Power. “Fueron momentos intensos, sí… -recuerda Calonje- aunque yo estaba muy metido en la competencia. Me tenía mucha confianza en los 200, no para alcanzar el nivel de esos monstruos, pero sí para avanzar. Lamentablemente, por una contractura en el muslo derecho después de la primera ronda, eso no se dio”.

Calonje señaló 10s.44 en el primer turno de los 100 metros. Y en los cuartos de final, terminó 5° con 10s.39, una marca que se mantuvo intocable como récord nacional durante 26 años, hasta la aparición de Carlos Gats. En esa ronda quedó por detrás del jamaiquino Lennox Miller y de Hines, quienes al día siguiente serían el subcampeón y campeón respectivamente. No se preocupó tanto, ya que enseguida venían los 200 metros y corrió una excelente serie, donde marcó 20s.81 y escoltó al favorito John Carlos. Esa marca también fue récord argentino durante 26 años y todavía hoy se mantiene como la tercera mejor del historial argentino. Uno de los vencidos por Calonje en esa serie era nada menos que su conocido Berutti. “Apenas llegué a la meta, sentí el dolor. Me trataron los médicos con una pomada, de las que se utilizaba en ese momento. Pero ya en los cuartos de final corrí sin confianza, sin soltura, con temor”. Aún así, marcó 21s03, pero quedó sexto y no llegó a las semifinales. Esa serie de Calonge era ganada por Smith con récord olímpico, anticipando lo que sería su hazaña en la final.

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)
A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

Calonje nació el 2 de abril de 1945, llegó al atletismo de casualidad, como tantos otros, en su época de estudiante secundario. “Jugaba al fútbol, como todos, pero el profesor de educación física me vio condiciones de corredor. Me propuso que representara al colegio en una prueba de 800 metros en un Intercolegial y allí fui, sin ninguna preparación, terminé sexto. Después empecé a entrenar un poco, para otra prueba, los 400 metros”, recuerda. Calonje combinaba atributos para esa distancia: su velocidad natural –que demostraría más tarde con su campaña en los 100 llanos- pero también su fibra de competidor y la llamada “resistencia a la velocidad”. A los pocos meses, ya era uno de los velocistas más prometedores del país y una carrera que disputó en La Plata frente a otro dotado como Juan Stocker en 1964 está considerada la mejor del historial argentino (Stocker batió el récord nacional con 47s9, aventajando por una décima a Calonje). En la misma temporada, Calonje fue la estrella del Sudamericano de juveniles, en Chile, donde acumuló cuatro medallas de oro con los 200 y 400 metros individuales, y los relevos. “Allí me ofrecieron una beca para la Universidad de Columbia, para estudiar y competir en Estados Unidos. Pero la verdad es que no me entusiasmó, me parecía algo lejano. Yo estaba concentrado en mis estudios aquí y tampoco veía el atletismo como un desarrollo profesional. Lo practicaba, simplemente, porque me gustaba, tenía muchos amigos y nos divertíamos”.

Lo que vino después fue su consolidación como el imbatible velocista argentino de la década, en todas las distancias entre los 100 y 400 metros. Acumuló medallas y récords, tanto en los Campeonatos Nacionales como en los Sudamericanos y vivió su primera experiencia grande en los Panamericanos de Winnipeg, en 1967. Era su debut en una pista de tartán. “Allí corrí los 400 metros y me tocó en la serie con Lee Evans. Yo no tenía idea de tácticas, salí con todo y cuando cruzamos la mitad de la prueba, sentí que iba a la par. Terminé completamente ahogado, descompuesto, ni pude presentarme a las semifinales”. Para Evans, en cambio, era un ritmo habitual. Se llevó la medalla de oro y, un año más tarde, sería uno de los héroes olímpicos en México.

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)
A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

Calonje corría para Independiente y en 1968 sí, se concentró en clasificarse para los Juegos, tanto en 100 como 200 metros. Le exigían marcas mínimas que debía que lograr en pistas argentinas, hasta que lo concretó en su propio reducto platense, el 25 de agosto: 10 segundos y 3 décimas sobre el hectómetro, igualando el legendario récord de Bönhoff. Para el atletismo de nuestro país, era un acontecimiento. “Nos habíamos clasificado seis atletas en distintas pruebas, entre ellos Juan Dyrzka, que también estuvo brillante allá con su récord en 400 vallas. Esa vez se organizó muy bien el viaje, fuimos varias semanas antes para aclimatarnos, adaptarnos a la altura, a la alimentación y a la pista. Todo ayudó a conseguir buenos resultados”. Durante las pruebas preolímpicas en México, Calonje repitió sus 10s.3 en 100 y batió los récords argentinos de 200 con 20s.7 y 400 con 46s.7, en ambos casos con cronometraje manual, que hoy ya no se utiliza. Estaba listo para los Juegos. “Hoy, que ha pasado tanto tiempo, lo valoro todavía más. Sobre todo por lo que significó para nuestro atletismo”, agrega.

Calonje siguió un puntal recorrido en los seleccionados nacionales y un año más tarde, nuevamente en la altitud, pero en Quito, logró la medalla de oro de los 400 metros en el Campeonato Sudamericano. Fue –hasta hoy- el último velocista argentino en ganar una prueba en un Sudamericano. “Yo iba a correr los 100 y 200 metros, en las dos distancias quedé tercero, detrás de mis rivales clásicos, el chileno Iván Moreno y el peruano Fernando Acevedo. Pero el técnico y mis compañeros como el gran Carlitos Bertotti, inclusive los que habían ido para el individual de 400, me insistieron en que corriera esa prueba. Y para mí fue la mayor alegría en mi campaña. Yo sentía que nunca ganaría a nivel mundial pero que, al menos, debía hacerlo en un Sudamericano. Y se dio”. Por aquellos años fue el animador de las principales competencias locales, volvió a los Panamericanos en 1971 (llegó hasta la final de 200 metros) y clasificó nuevamente para los Juegos Olímpicos de Munich, en 1972. Pero su estado ya no era el mismo. “Sobre todo, por algunas lesiones de las que no podía recuperarme”, señala. Los estudios, y enseguida el trabajo, lo absorbieron y le dijo adiós al atletismo. Se despidió integrando la posta bonaerense en los Campeonatos Nacionales de ese año, donde uno de sus compañeros apuntaba como sucesor, el también platense Gustavo Dubarbier, padre del actual futbolista. Calonje, posteriormente, fue director del Banco Provincia y se dedicó desde entonces a su estudio, especializado en temas laborales.

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)
A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

Conserva los recortes, las fotos y las sensaciones de aquellos momentos inolvidables. Conserva, principalmente, a muchos de quienes considera sus amigos, el verdadero tesoro que le quedó de su paso por las pistas. Desde aquel momento hasta hoy, y más allá de la estadística, o de las tablas de récords, el único “sprinter” argentino que alcanzó alguna actuación similar en el plano internacional fue Gats. Los desafíos son los mismos, los que tuvo Andrés Roberto Calonje desde sus solitarias prácticas en pistas de tierra o carbonilla. Y los que sigue recordando.

Su ficha deportiva

Calonje fue el primer velocista argentino que mantuvo simultáneamente los récords nacionales de 100, 200 y 400 metros llanos.

En 100 metros, su mejor marca fue 10s.39 con cronometraje electrónico el 13.10.68 en México y 10s.3 con cronometraje manual, tres veces.

En 200 metros, fue el primer argentino en bajar los 21 segundos con 20s.81 electrónicos (15.10.68 en México) y 20s.7 manuales (5.10.68 en México).

En 400 metros, su récord nacional fue 46s.7 manuales el 4.10.68 en México.

También tuvo los récords nacionales con los relevos 4×100 y 4×400.

En los Campeonatos Sudamericanos fue medalla de oro de 400 metros en Quito (1969) con 46s.9, y en el relevo 4×400. En 400 individual, ya había logrado medalla de bronce en 1965 en Rio y en 1967 en la pista de Parque Chacabuco. Y logró otras dos medallas de bronce (100 y 200 metros) en Quito.

Participó en los Juegos Panamericanos de 1967 y 1971, alcanzando aquí la final de los 200 metros y de la posta corta. Y estuvo en los Juegos Olímpicos de México 1968 y Munich 1972.

Representó a los clubes Universitario de La Plata e Independiente

Osorio, en el nombre del padre y del ídolo

Nota de LUCIANA ARANGUIZ / Diario Clarín

Foto: Oscar Muñoz Badilla

Cuando se realizó la primera edición de los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2010, Agustín Osorio tenía 9 años y vio por televisión como Braian Toledo, el pupilo de su papá Gustavo, festejaba su consagración en aquella cita de Singapur. En ese momento empezó a soñar con subirse él también a un podio olímpico. Pero no se quedó con el sueño. Entrenó y se dedicó a ese deporte que había aprendido a amar en su casa de chiquito. Y en Buenos Aires 2018, con su ídolo alentándolo desde la tribuna, hizo ese anhelo realidad.

El bonaerense consiguió una medalla de plata en lanzamiento de jabalina -la misma disciplina en la que había ganado hace ocho años Toledo- tras quedar quinto en la segunda etapa de la prueba con 74,25 metros. Esa distancia, sumada a los 76.03 que había conseguido antes, que fue su mejor marca personal, lo segundo en la clasificación general, detrás del finés Topias Laine.

Antes de estos Juegos estuve viendo videos de ese momento de Braian en Singapur y me hizo soñar más con subirme a un podio. Llegué a Buenos Aires 2018 con e objetivo de quedar entre los tres mejores y acá estoy, con la medalla de plata, muy contento. Y más feliz porque lo conseguí con mi papá. Tenerlo como entrenador me da mucha más confianza y hace que esto sea más especial”, contó.

Al lago suyo estaba Gustavo Osorio que lo miraba con orgullo. Cuando tuvo que ponerse en el papel de entrenador y explicar por qué su  hijo se había llevado una medalla, no lo dudó. “Porque tiene una mentalidad muy competitiva y, además, una muy buena manera de expresar la técnica propia del lanzamiento”, explicó.

La cabeza de Osorio se vio durante la competencia, que no arrancó de la mejor manera. Porque su primer lanzamiento fue nulo, pero él no se desconcentró y en el segundo consiguió esos 74.25 que le terminaron asegurando el podio.

“Después del primer nulo no quería otro. Así que tiré sin todas las ganas, pero buscando asegurar una marca. Y conseguí una que me posicionó segundo. Nunca sentí presión ni nervios. Después de la primera etapa ni pensaba en lo que iba a pasar en esta segunda. Tal vez tuve un poquito de ansiedad, pero la supe controlar bien”.

En la definición de esa medalla de plata hubo suspenso hasta el final. Al menos para Osorio, quien pensó que había terminado tercero detrás del checo Martin Florian, a quien superó por apenas cuatro centímetros. Ya festejaba el tercer lugar, cuando su nombre apareció como subcampeón y reaccionó con asombro. “Pensé que el checo me había pasado con su último lanzamiento. Después miré la pantalla y vi que no fue así. Y fue mucha más alegría. Una medalla de bronce no es poca cosa, pero una de plata es mejor. Este es el resultado de un montón de cosas. De la constancia para entrenar, del trabajo, de los sacrificios que se hacen. Pero si te gusta el deporte, todo vale la pena”, comentó.

Entonces, con la medalla de plata ya en su poder, llegó el momento de disfrutar. Primero, con la gente en el Parque Olímpico. Y después en la intimidad, con quienes lo conocen mejor que nadie. “Estuve con mi mamá Cándida y mi abuelo Justo Juan, que me acompañó un montó cuando estuve lesionado. Lloramos juntos. Devolverles todo eso con una medalla es muy lindo” contó.

Osorio cumplió ese sueño que tenía. Y ahora sabe que los Juegos Olímpicos de la Juventud pueden ser un trampolín para mucho más.

 

La ficha de Gustavo Agustín Osorio

. Nació el 2 de febrero de 2001, es de Marcos Paz (Buenos Aires) y lo entrena su padre, Gustavo Osoroi.

. En 2016 estableció el récord nacional u16 con el implemento de 600 gramos (66.04m el 26 de noviembre). Y fue campeón nacional de esa categoría en Neuquén con 61.70. También, tercero en el Nacional u18 de Rosario con 54.39 (implemento de 700 gramos).

. En 2017 compitió en el Mundial u18 de Nairobi y logró el 6° puesto con 69.01 metros. También ganó el Nacional en concepción del Uruguay con 61.20 m. y la medalla de oro en los Juegos Odesur de la Juventud, en Santiago de Chile, con 67.07 m.

. En 2018 obtuvo el título nacional u18 en Buenos Aires con 69.77 y la medalla de oro en el  Sudamericano u18 de Cuenca con 74.74 m., su mejor registro hasta entonces, que acaba de superar en la primera ronda de los Juegos Olímpicos de la Juventud con 76.03, para obtener luego la medalla de plata.