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Guillermo Ruggeri, en su tierra mendocina

Por Juan Pablo Torre / Mendovoz.com

Después de un año lleno de logros -el más destacado en su carrera, como lo definió él-, MendoVoz accedió a un mano a mano imperdible con el mejor atleta argentino en pista de la actualidad: Guillermo Ruggeri. El deportista comenzó como decatleta y hace poco más de un año se pasó a los 400 metros con vallas, disciplina en la que está rompiendo todos los récords y las marcas nacionales.

Guillermo, de 25 años, es nativo de Maipú pero para desarrollar su carrera deportiva tuvo que instalarse en Buenos Aires hace diez años en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), en donde becan a los mejores atletas del país para que puedan desarrollar su carrera.

Como siempre sucede, para fin de año, Guillermo pasó por Mendoza, adonde vino a pasar las fiestas junto a su familia y a continuar con la pretemporada. Además está estudiando el Profesorado de Educación Física, y es hincha de River Plate y fanático del Indio Solari. Ruggeri nos recibió en el polideportivo Juan Domingo Ribosqui, lugar donde empezó a dar sus primeros pasos junto a Manuel Aidar, su entrenador en la infancia.

-¿Cuál es la sensación de estar acá, donde empezó todo?

-Siempre vuelvo a Maipú porque me encanta, me libero de tensiones, me relajo. Esta siempre va a ser mi casa. En esta oportunidad vine con mi novia y mi mejor amigo, quienes me acompañan siempre a entrenar para que no esté solo.

-¿Cómo arrancaste con el atletismo?

-En realidad me inicié en Coquimbito, en una escuela de fútbol. Ahí había una profe, Daniela Ocaña, y ella me dijo que me probara en el atletismo. Hasta ese momento no se me había cruzado por la cabeza practicar esta disciplina. Ella me dio la idea porque vio que era rápido y me encantaba correr, y la verdad es que cuando arranqué me empezó a gustar y a la vez me di cuenta de lo difícil que era, pero eso no me frenó ya que me gustaba lo que hacía.

-¿Cómo fue lo de irte a Buenos Aires de tan chico?

-Me fui cuando tenía 15 años. En el 2008 gané los juegos Evita en Mar del Plata y en ese momento comenzó mi carrera en el atletismo. En mi familia me apoyaron desde el primer momento porque sabían que me gustaba lo que estaba haciendo. Además, al principio tenía la posibilidad de venir bastante seguido a Mendoza; después, con el paso de los años y los compromisos se complicó un poco más.

-¿En qué parte de la preparación estás?

-Después de los Juegos Universitarios de Taipei (China) me tomé una semana de vacaciones y ahora estoy en plena pretemporada. Me encuentro en la fuerza máxima en la pista para saber cómo estoy parado de cara a lo que viene.

-¿Cómo entrenás cuando no tenés a tu equipo de trabajo?

-Mi entrenador, Carlos Yoyo López, es muy estricto con el tema de las rutinas y las planificaciones; él me manda todo armado para un mes completo y, dependiendo de cómo me siento, la vamos modificando.

-¿Cómo fue el paso del decatlón a los 400 con vallas?

-Tener la posibilidad de ir a Europa y codearme con grandes atletas y equipos de trabajo me cambió la cabeza. Entonces, cuando volví de la gira me di cuenta de que en el país no hay entrenadores especializados en pruebas combinadas. Además, en un momento me cansé un poco del decatlón porque sentía que estaba un poco estancado y terminé decidiéndome por los 400 con vallas, ya que dentro de la especialidad marcaba buenos tiempos en los 400 llanos.

-¿En algún momento pensaste en abandonar?

-Sí, después de un torneo en Río de Janeiro (Brasil) en donde llegué lesionado y no tuve una gran performance. Después de eso, mi novia Fiorella me presentó a Yoyo López, quien me dijo que teniendo en cuenta mis aptitudes físicas podíamos probar con los 400 con vallas. Y en las primeras tres carreras que tuve ya estaba en el top 5 nacional y a la sexta batí el récord argentino.

-¿Cuáles son los objetivos para este año?

-Tengo una competencia en Perú y los juegos Odesur en Cochabamba (Bolivia); eso como primera medida. Un objetivo a largo plazo son los Juegos Olímpicos Tokio 2020. También tengo una serie de torneos programados en Chile, Uruguay y Paraguay.

-¿Cómo estás posicionado en Sudamérica?

-Sacando a dos brasileños, que son los mejores en la actualidad y tienen las mejores marcas, soy el tercero.

-¿Al Sudamericano fuiste buscando el Mundial o se terminó dando?

-A principio de 2017 hice una de las mejores marcas después de mucho tiempo (50”36) y con ese tiempo quedé segundo en el top permanente nacional. Eso me dio un indicio de que en el Sudamericano podía pelear una medalla y fui con ese objetivo, que por suerte se dio.

-¿Cómo fue compartir el Mundial con atletas reconocidos mundialmente?

-Para mí ya era una locura estar ahí. Apenas llegué, empecé a ver a los deportistas que seguía por las redes sociales y estar ahí con ellos fue una motivación extra. Llegué con la marca 35 de 40 competidores que había. Cuando pasé a semi estaba 24o y, lamentablemente, en la semi me descalificaron por pisar otro andarivel. Si no, quedaba en el 11o puesto.

-¿Es difícil llegar a alto nivel en tu disciplina?

-En el atletismo hay que perseverar, no hay otro secreto. Lo ideal es no dejarlo de lado ni un solo día, porque cuando vas a retomar te cuesta el doble. Hay que tener mucha conducta.

-¿Cómo hace un atleta para financiarse?

-Vivo en el CENARD, así que no tengo gastos de alquiler ni comida, y estoy muy agradecido de estar becado ahí. Después, el tema de subsidios y becas se va dando a medida que vas obteniendo resultados en las diferentes competencias. Se puede vivir, pero lo ideal es tener algo para el futuro, por eso estoy estudiando Educación Física.

-¿Cómo está formado tu equipo de trabajo?

-Está formado por Yoyo López, que es mi entrenador de pista; Gabriel Lemme, mi preparador físico; Juani Fontana, que es mi kinesiólogo; César Juárez, mi masajista, y un deportólogo. Es un grupo que trabaja muy bien, y para mí, todos son muy importantes.

-¿Qué le podés decir a un chico que recién empieza en el atletismo? 

-Para mí, es la madre de todos los deportes porque te preparás físicamente al máximo. Es un deporte que te obliga a hacer vida sana, te encamina a una buena vida, sin dudas.

Bárzola sueña con medallas para la Argentina

Por Juan Cruz Fagán – Diario Clarín

Dos horas, diecisiete minutos y cincuenta y cuatro segundos. En ese lapso de tiempo se puede ver un partido y medio de fútbol o viajar desde el Congreso Nacional a Dolores. Pero a Miguel Barzola, en Londres 2012, esos casi 140 minutos le valieron convertirse en el atleta argentino con la mejor marca histórica en el maratón olímpicosu actuación más memorable . Nacido hace 35 años en Bragado, a 200 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, pero con su vida profesional encaminada en la ciudad española de Alicante, Barzola le contó a Clarín esa historia, su historia de vida.

Albañil de profesión, Barzola compitió durante algunos años en la Argentina hasta que decidió emigrar al Viejo Continente, donde los atletas reciben un mayor apoyo económico y pueden vivir del deporte. “Llegué hace 13 años. Nos fuimos en 2004 más que nada porque con mis amigos estábamos flojos de trabajo, teníamos que hacer algo para movernos y tuvimos que generar un cambio. Trabajé desde los 13 en la construcción y apenas tenía una Zanella 50; bueno, un amigo y solamente tenía una bicicleta playera, je”.

A pesar de haberse instalado en Europa y haber mejorado su calidad de vida tanto en lo personal como en lo deportivo, Barzola culminó su carrera como albañil de tiempo completo apenas hace un tiempo, aunque en algunas oportunidades debe volver a su antiguo oficio. “En España trabajé como albañil hasta hace 5 años y cada tanto lo hago, porque el atletismo no te da mucho en realidad -confiesa-. Como me dediqué un año entero a correr, sólo lo hago por necesidad”.

-¿Qué diferencias hay entre ser atleta en la Argentina y en España?

-No hay punto de comparación. En Bragado solamente había una pista de tierra. Cuando yo estaba, se mantenía un poco nada más. Acá es totalmente diferente. En Alicante hay tres pistas de tartán en 15 kilómetros de distancia. En Buenos Aires tenés la del CeNARD y para encontrar otra hay que irse a Mar del Plata. O sea que tenía que viajar 300 kilómetros para entrenarme en una. Acá, en un radio de 20 kilómetros, tengo más de cinco pistas. Y con la licencia federativa accedo a cualquiera de ellas.

Para él, lo más importante es el valor del dinero y el estilo de vida que puede llevar en Europa. “El alquiler y la comida son muy baratas y así te mantenés en un buen nivel -cuenta-. Si sos parte de un club, te garantizás que te costeen todos los viajes. Hace pocos días corrí un cross y mi manager me dio todo el dinero. Entonces está bueno porque todo eso es ganancia para mí”.

Los premios por competir en las carreras y el apoyo recibido ayudan a que los atletas en Europa puedan tener un mayor sustento. “Acá hay carreras populares que reparten entre 500 y 1.500 euros, lo cual es un muy buen premio. Y además en cada carrera hay un fijo de 700 euros por presentarse -asegura-. Eso es lo que le falta a la Argentina: que te ayuden con un pasaje o con un monto fijo para no volverte con las manos vacías“.​

Claro que vivió un momento muy feo cuando en 2009, luego de competir en Marruecos, casi no lo dejan entrar a España. “Me pararon en la Aduana y me dijeron que tenía un sello de entrada de más de tres meses y a mí se me había vencido. No me dejaron entrar, pero un amigo atleta de Madrid, Pablo López Bendito, me ayudó a pasar porque conocía al jefe a cargo”, recuerda.

“Fue una experiencia rara, porque en ese momento no tenía el pasaporte de residencia y ahí me di cuenta del peligro que podía traerme -admite-. Por suerte al poco tiempo presenté todos los papeles y demostré todo. Estuve una hora en la Aduana y recién ahí me dejaron pasar. Todo por una carrera en Marruecos, je”.

Además de haber podido encontrar una estabilidad financiera y deportiva, Barzola halló en Alicante un lugar del que pretende no regresar más. “Desde que llegué a España y a Alicante, supe que me iba a quedar aquí y que no quería volver. Soy muy casero y me cansa viajar siempre. De momento, mi mentalidad esta acá, principalmente porque mi pareja Yésica también vive en España. Estoy mucho mejor acá que en Argentina“.

​-¿Pensás en qué vas a hacer cuando se termine tu carrera?

​-Realmente no lo sé, je. Me quedan tres años de carrera. El atletismo es muy sacrificado, pero como hobbie está muy bueno. No obstante, empecé a entrenar gente y a lo mejor me dedique a eso porque me gusta. Como cualquier persona que se tiene que mantener para hacer atletismo, cuando me retire tendré que trabajar. Algo bien diferente es la situación de los medallistas olímpicos.

Barzola aún tiene grabado a fuego el fiel recuerdo de lo que fue su participación en Londres 2012.Llegar a unos Juegos Olímpicos es lo más grande que le puede pasar a un deportista y lo que todos quieren realmente, porque lo intentás por más que no se te dé. A mí me puso muy contento haber competido y terminado 35° gracias a que me pude preparar bien por haberme clasificado mucho tiempo antes”, relata.

Imposible que un deportista se olvide de sus vivencias olímpicas. Lo refleja también Barzola: “Lo de los Juegos fue impresionante por la gente. Si no terminás la prueba, realmente no sos olímpico. También influye mucho el día, el clima, todo… No es fácil. Por eso cuando quise prepararme para Río 2016 y no logré clasificarme por 40 segundos, valoré mucho más lo logrado en Londres”.

​-¿Cómo te impactó quedar afuera de Río 2016 por tan poco?

-Estaría mintiendo si no te dijera que me quedó la espina. Cuando me enteré que los Juegos Olímpicos iban a ser en Brasil, quería estar porque mi familia y mis amigos iban a poder estar presentes y verme. A Londres habían ido igual junto con algunas personas de Bragado, pero estar en Río hubiera sido muy lindo.

Lógicamente, para llegar a este nivel de exigencia y competir en la elite, el entrenamiento es un factor clave. Es por eso que el oriundo de Bragado acumula una gran cantidad de horas semanales trabajando su cuerpo para la competencia. “Me entreno por la mañana, de 9 a 11 y después hago un rodaje de 45 minutos, más pesas. Y cuando no estoy próximo a una competencia, hago doble turno y a la tarde empiezo a las 19 y termino a las 21.30 o 22”, dice.

En base a ese trabajo duro, Barzola espera conseguir lo que para él sería su logro máximo como deportista: una medalla para Argentina. “Me hubiera gustado estar en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 para ganar una medalla, pero me privé de participar por una lesión al hacer buenas maratones -explica-. Me voy a preparar para los Panamericanos de Lima 2019, los Sudamericanos y los Iberoamericanos. Me queda esa espina de ganar una medalla para Argentina; eso sería todo para mí. Son los torneos más importantes y ganar una medalla es lo máximo a lo que un deportista puede aspirar. Esa es mi meta. Lo hice en juveniles en 10.000 metros, pero no es lo mismo”.

Otra de las cuentas pendientes en su lista fue el hecho de no poder participar del Maratón de Buenos Aires, para la cual se había preparado especialmente compitiendo en el medio maratón de septiembre, en el que se consagró subcampeón nacional, detrás de Mariano Mastromarino. “Lo de Buenos Aires fue complicado -sostiene-. El medio maratón fue realmente positivo, pero tuve dos gripes y sinusitis antes del maratón y correr no era lo conveniente. Me molestó no poder estar“.​En los 21K de Buenos Aires de este año, Miguel Barzola fue subcampeón nacional de medio maratón, detrás de Mariano Mastromarino.

Los maratonistas tienen que cuidarse al extremo con la alimentación, la hidratación, la preparación física y el descanso. Sin embargo, Barzola admite que de tanto en tanto se da un gustito. “Me encanta juntarme con amigos, tomar mates o una cerveza y distraerme. Cuidarme desde la alimentación nunca fue mi fuerte”, confiesa.

“Me acostumbré a viajar, a tomarme vacaciones con mi pareja y a estar tranquilo, Acá lo suelo hacer -agrega-. Aprendí que hay que vivir más y disfrutar cada momento y acá realmente lo estoy haciendo. No perdí ninguna de mis costumbres argentinas, je”.

El atletismo hizo que Miguel Barzola dejara a un lado su oficio y aunque ya no tenga elementos de albañilería en sus manos, seguirá intentando construir su futuro de la mejor manera.

Sorprendido y feliz por el fenómeno del running en la Argentina

A pesar de tener su vida encaminada lejos de la Argentina, el fenómeno de las carreras de calle que se ha producido en los últimos años no es algo que resulte ajeno para Miguel Barzola.

Como todo atleta, el hecho de que el deporte que practica sea furor es un motivo de alegría. En relación a este repentino crecimiento, el bragadense realiza el siguiente análisis: “Sinceramente no me dejan de sorprender la cantidad de inscripciones en las carreras en Buenos Aires y en el país en general. Para poder juntar 22.000 personas en el medio maratón y 10.000 en el maratón, hubo un trabajo de muchos años de parte de la organización”.

Por otro lado, asegura que la popularidad del deporte y el hecho de que cada vez más personas puedan sumarse a él es algo más que positivo para la disciplina, aunque advierte que este furor es producto de un sostenido esfuerzo. “Han hecho un buen trabajo con los sectores populares y espero que estos resultados se sigan dando para que el deporte se magnifique aún más”, concluye.

Los nuevos sueños de Germán Chiaraviglio

Por Cristian Gómez / Diario Clarín

Con una tranquilidad extrema, Germán Chiaraviglio se abre frente al micrófono y no se guarda nada. Lejos quedó en el tiempo aquel joven que a los 19 años se consagró campeón mundial juvenil en agosto de 2006, en Beijing, China, donde se mostró como uno de los atletas argentinos con mayor proyección, ya que venía de ser campeón mundial de menores en Sherbrooke, Canadá, en 2003. Hoy este garrochista santafesino de 30 años vive un momento calmo, luego de haber afrontado el Mundial de Londres y la Diamond League de Zurich. No le fue tan bien como en 2015, cuando ganó la plata en los Juegos Panamericanos de Toronto, o en 2016, cuando fue finalista olímpico en Río de Janeiro. Pero no se puede quejar.

“En Londres me quedé un poco con la pica de no haber saltado un poco más -reconoce-. Creo que estaba en condiciones de pasar por lo menos 5,60 metros, lo que me hubiese llevado a la final. Me costó acomodarme en un par de cuestiones técnicas y eso hizo que me quedara afuera. En Zurich viví algo parecido: empecé bien y en los 5,63 otra vez me costó tener profundidad. Si bien estar presente en esos dos certámenes fue algo muy importante, me quedé con un gustito raro por no poder saltar un poco más”.

Germán Chiaraviglio no le tiene miedo a las alturas.Foto: Ariel Grinberg

Competir en los torneos más destacados representa un orgullo para el santafesino, quien a pesar de estar en la elite de los saltadores con garrocha, no se la cree en ningún momento. Afirma que se considera “del segundo nivel” y que todavía no tiene la estabilidad necesaria que ansía lograr para meterse en ese selecto grupo de “cuatro o cinco que pelean el primer escalón y el podio”.

Para lograr ese equilibrio deseado, Chiaraviglio corre contra una desventaja que tienen todos los atletas sudamericanos: la lejanía con Europa. Para competir de igual a igual, tiene que asentarse durante varios meses en el Viejo Continente, lo que lo lleva a entrenarse lejos de su familia y de sus afectos.

Pero antes de gozar de su plenitud a nivel físico y de resultados, Chiaraviglio vivió varios momentos muy complicados. Cuando más se esperaba de él, la baja performance en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 (no pudo superar los 5,30 metros) lo devolvió rápidamente al país. Y una seguidilla de lesiones lo llegó a mantener fuera de la actividad por más de un año, cuando tuvo que operarse su tobillo izquierdo en dos oportunidades.

Cuando el cuerpo le jugó esa mala pasada y le costó volver, el apoyo que había recibido cuando ganaba desapareció en la derrota. “Creo que es normal que cuando a uno le va bien, haya cierta gente o un cierto ambiente que te apoye más o esté pendiente de vos. Y cuando no tenés resultados, la llama se apaga. Es común que eso ocurra”, afirma con tranquilidad. Y sigue: “El deporte es muy meritocrático. Me parece que entender que esas son las reglas del juego ayuda un poco a la serenidad. No va a cambiar la situación, pero sí a cómo me paro yo ante ello.”

Reinventándose y siguiendo un entrenamiento acorde a sus necesidades físicas, Chiaraviglio volvió a ser protagonista. En Toronto 2015 logró el mejor salto de su carrera, con 5,75 metros y consiguió la medalla de plata con nuevo récord argentino, lo que lo depositó en Río de Janeiro 2016, donde llegó a la ronda final midiéndose ante los mejores del mundo.

A pesar de que no se apresura con sus próximos desafíos, se hace inevitable pensar en los próximos Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

-¿Te ilusionás con volver a ser olímpico?

-Me encantaría poder competir en Tokio. No lo digo hoy como un objetivo tan puntual porque después de Río una de mis ideas para bajar un poco el nivel de expectativa era pensar y planificar año por año. Yo ya tengo 30 y a medida que van pasando los años cuesta un poco más. Por eso me parece que ponerme un objetivo más corto es un buen incentivo. Pero si me preguntás sobre ser olímpico, te diría, como cualquier deportista, que me encantaría participar de los Juegos de 2020, 2024, 2028 y eternamente (risas). Representar a tu país en unos Juegos Olímpicos es el momento más lindo de la carrera de un atleta.

Para soñar con cumplir ese sueño habrá que mantenerse en constante actividad. Y Chiaraviglio marca cómo poder lograrlo. “El atletismo es un deporte muy estacional, ya que se compite en un período de tiempo no tan fluido como en los deportes de conjunto, que se juegan todos los fines de semana. Tenemos que tratar de resolver esta problemática de alguna forma, para conseguir estar en constante movimiento, a pesar de que no sea a un altísimo nivel”.

Optimista con la nueva generación de atletas

Germán Chiaraviglio sostiene que la Confederación Argentina de Atletismo “hace lo que puede con lo que tiene, pero siempre se puede hacer más”. Y opina que los atletas que hace años que están en actividad deberían ser parte del desarrollo. “Podemos colaborar y sentarnos en la mesa para ver cómo ayudar a que la situación mejore aún más”, sostiene.

En el Mundial de Londres, se vio una nueva camada de atletas de pista, de la mano de Leandro Paris, Belén Casetta y Guillermo Ruggeri. ¿Qué mirada tiene el santafesino? “Con ellos hay esperanza. Es natural que a nosotros nos vayan corriendo los más jóvenes y que nosotros les demos ese espacio. Ojalá nos superen, porque eso significaría pensar que el nivel argentino está mejorando”.

Para Chiaraviglio, “en el atletismo están surgiendo otras disciplinas fuera de las que eran tradicionales y creo que no es casualidad. El destape del running en los últimos años hizo que mucha más gente pusiera los ojos en las pruebas de pista”. Y concluyó con un deseo: “Ojalá que los atletas no se reemplacen sino que se sumen, para que haya representantes en lanzamientos y en las carreras. Y por qué no mañana también en los saltos”.

El gran momento de Belén Casetta

Por María Kexel / Diario Clarín

“Yo sé que soy Belén Casetta, la deportista, pero si pudiese contar otra versión de mí, diría que me río siempre y que soy la jodona”, describe con la vista fija en la lluvia que esconde el equinoccio de septiembre y atrasa el festejo de la primavera. Pero a la marplatense de 22 años, el clima no le importa. Es que todo lo que toca Belén Casetta florece.

Le cuenta a Clarín que ella no es como sale en la cámara a punto de correr, seria y con el ceño fruncido. Aclara que le gusta disfrutar y que sus amigos y su familia la conocen de verdad. Dice que se propone objetivos grandes porque eso la motiva y, si los consigue, piensa: “¿Y ahora qué?”. Es una de las mejores atletas argentinas pero eso ella, humilde, no lo dirá jamás.

Sobre Olavarría, Güemes, Córdoba o avenida Constitución, Antares en Mar del Plata es como McDonald’s en Estados Unidos. Hace siete años, Casetta, con una cara que se ruborizaba como lo hace ahora, servía en el bar para pagarse el viaje a la Copa Nacional de Santa Rosa. ¿Qué cambió en esa chica bajita, tímida, la mayor de cuatro hermanos, que trabajaba con sus padres tres horas todos los días como moza en un salón de eventos y hacía malabares para llegar a entrenarse, a la aún joven pero madura finalista del Mundial de Londres en 3.000 metros con obstáculos, dueña de dos récords sudamericanos?

“No mucho. Yo sigo siendo la misma de antes. Me abrí muchísimo, eso sí. Me entreno con la misma gente pero ahora no trabajo como moza, ja”, confiesa Casetta, que de a poco se acostumbra a que le pidan fotos o a que los medios pidan notas con ella. También aclara: “Son épocas. Antes tenía que ayudar más en casa y ahora estoy más afectada a las carreras, tanto la deportiva como la universitaria. Porque sigo con medicina a full. Aquellas fueron etapas que me sirvieron para madurar, crecer y aprender. Sin dudas”.

-Te describen como alguien fuerte. ¿Adentro o afuera de la pista?

-En ambos lados, creo. Sí. Soy muy… ¿cómo decirte?… dura. Me cuesta mucho demostrar que estoy triste. Soy muy cerrada en ese sentido y cuando la emoción me agarra de golpe lo manifiesto, por ejemplo, en una carrera. Pero es algo que me cuesta. Y lo trabajo porque para los entrenamientos no es bueno. No tengo que guardarme todo porque me influye. Tengo que soltar y limpiarme.

-¿Esa es tu principal debilidad?

-Esa y otras. Deportivamente hablando, asumo que me cuesta mantener un equilibrio con la comida. Cuando compito estoy enfocada y lo hago bien, pero cuando termino, me relajo y me cuesta muchísimo. Es el problema que tengo y me serviría resolverlo, sobre todo a la hora de entrenarme. Tengo que encontrar el equilibrio.

  Lo cuentan quienes estuvieron con ella en ese momento. Fue en junio de 2015 cuando Belén Casetta enfrentó el momento más difícil de su vida. O de la vida de cualquiera, en realidad. Edgardo Casetta, que además de su padre era el alma que la motivaba en el atletismo, no pudo tras luchar con un cáncer terminal. Cuatro días después, Casetta tenía la última chance para llegar a los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Su entrenador, Leonardo Malgor, recuerda: “Un miércoles estábamos enterrando a Edgardo y el mismo día la llevaron a Belén a Ezeiza para viajar a Lima, Perú, y competir. Ese domingo logró la medalla de bronce, el récord sudamericano y el pasaje a Toronto. Las últimas palabras de su papá habían sido: ‘Andá y ganá’. Ahí nos dimos cuenta de que Belén estaba para cosas grandes”.

-¿Se aprende a vivir con eso?

-A mi papá lo tengo presente siempre. Día y noche. Él es el que me inició, el que me llevó a correr por primera vez. Si te sentabas a hablar con él, era: “Belén esto, Belén aquello”. Éramos muy compañeros y le encantaba ayudarme y cuidarme. Era mi psicólogo, me aconsejaba sobre qué me convenía hacer, en todo. Siempre va a estar presente.

Hace un año y medio, Belén sintió un cambio. Es el mismo tiempo que lleva de novia con Facundo, su pareja que la acompaña en todo. Ella tiene esa coraza que deja atravesar por sus seres más queridos. Y tiene los pies sobre la tierra cuando dice: “Me gustaría ganar una medalla en un Mundial”.

 

Belén Casetta, quien el martes 26 de septiembre cumplirá 23 años, sigue siendo la niña mimada por todos. María de los Ángeles Peralta, dos veces olímpica en maratón, la mira y dice:Es mi debilidad. Hace cuatro años me escribió y me pidió concentrar conmigo en Cachi antes de que yo me retirara. Obvio que la llevamos con el “Colo”, porque vamos siempre. Ahí ya me compró”.

El “Colo” es Mariano Mastromarino, bronce en el maratón de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y olímpico en Río 2016, y también se despoja de elogios con la “chiquita” del grupo. “Cuando la vimos con Marita la primera vez, dijimos: ‘Esta chica es un toro, es un animal’. Desde chica que la llevamos con nosotros a las concentraciones y ahora la gastamos y le decimos que la famosa es ella y que nos va a tener que mantener a nosotros”.

Su entrenador, Leonardo Malgor, el que más la conoce junto a su colega Daniel Díaz, afirma: “La entrenamos desde los 10 años, es muy obsesiva y ella es la más convencida de lo que puede lograr. Por eso no tiene techo”.

La marplatense tuvo una actuación histórica en el Mundial de Londres, al finalizar undécima en los 3.000 metros con obstáculos, con un récord sudamericano de 9m25s99. Ya había logrado adueñarse de la mejor marca de la región en la serie en la que logró un tiempo de 9m35s78, lo que le permitió clasificarse a la final, la primera para un argentino en una prueba de pista.

En 2016 había dado muestras de su potencial al consagrarse campeona iberoamericana en Río de Janeiro con récord argentino y clasificarse a los Juegos Olímpicos de la ciudad carioca. Y este año fue oro en el Sudamericano de Asunción.