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Andrés Calonje, a medio siglo de sus récords de velocidad

(Luis Vinker – Diario Clarín) (Fotos: Mauricio Nievas)

El tiempo ha pasado –medio siglo, nada menos- pero el hombre está allí, su vitalidad intacta. Aún continúa con su rutina laboral (atiende su estudio de abogacía en pleno centro de La Plata) y su actividad deportiva. “Hay que mantenerse en forma, un poco de caminata, otro poco de gimnasio y pesas”, apunta. A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo: serenidad y orgullo, ni lamentos ni nostalgia. Fue hace medio siglo, tal como apuntábamos (y le apuntamos), que batió en pocas semanas los récords argentinos de los 100, 200 y 400 metros llanos, convirtiéndose así en el primer velocista del país en mantener simultáneamente los tres topes. Recién Carlos Gats, mucho tiempo después, alcanzó sus marcas, y dispuso durante un breve período de aquella “triple corona”. Pero la valía de Calonje parece crecer con el tiempo. Fue el hombre que alcanzó el legendario récord nacional que Bönhoff fijó en los 100 llanos (10s.3), el primero en correr los 200 metros por debajo de 21 segundos, el primero en bajar los 47 segundos en 400. Y el último velocista argentino –desde Quito 1969 hasta hoy- que ganó una competición en un Campeonato Sudamericano de mayores.

“De todos modos tiene sentido comparar las épocas. La mía no tenía nada que ver con la actual, sobre todo por la estructura del deporte, la calidad de las pistas y los cambios en los sistemas de entrenamiento”, afirma. En nuestro país no existían las pistas de material sintético, que tanto favorecen la progresión técnica de los atletas, y Calonje apenas corrió sobre ellas en sus escasas incursiones internacionales. Su contacto con el “mundo” del atletismo se limitaba a alguna competición, de vez en cuando. Tampoco tenía un entrenador personal. “Me entrenaba solo, en La Plata, con los consejos de algún profesor como Rondanino que fue quien me llevó al atletismo. O con algún plan que me pasaban desde Buenos Aires. Para preparar los Juegos Olímpicos de México leí en una revista el sistema que había utilizado Livio Berutti, el italiano que ganó en los Juegos de Roma. Mirá lo que son las casualidades, lo tuve de rival en los Juegos. La realidad es que me entrenaba como podía, principalmente por la noche cuando salía de la Universidad. Y nunca más de tres veces por semana. De preparación física, lo básico”, cuenta.

A medio siglo de un podio que marcó la historia y la lucha contra el racismo
A medio siglo de un podio que marcó la historia y la lucha contra el racismo

En aquellos históricos Juegos Olímpicos de México, hace 50 años, Andrés Calonje alcanzó su mejor nivel atlético. Y le tocó compartir –y competir- con aquellos fenómenos que aún hoy se recuerdan con idéntica admiración: Jim Hines, el primero en quebrar la barrera de los 10 segundos en 100 metros. O John Carlos y Tommie Smith, los hombres que protagonizaron el mayor desafío al poder con sus puños envueltos en guantes negros, en la ceremonia de premiación. Los símbolos del Black Power. “Fueron momentos intensos, sí… -recuerda Calonje- aunque yo estaba muy metido en la competencia. Me tenía mucha confianza en los 200, no para alcanzar el nivel de esos monstruos, pero sí para avanzar. Lamentablemente, por una contractura en el muslo derecho después de la primera ronda, eso no se dio”.

Calonje señaló 10s.44 en el primer turno de los 100 metros. Y en los cuartos de final, terminó 5° con 10s.39, una marca que se mantuvo intocable como récord nacional durante 26 años, hasta la aparición de Carlos Gats. En esa ronda quedó por detrás del jamaiquino Lennox Miller y de Hines, quienes al día siguiente serían el subcampeón y campeón respectivamente. No se preocupó tanto, ya que enseguida venían los 200 metros y corrió una excelente serie, donde marcó 20s.81 y escoltó al favorito John Carlos. Esa marca también fue récord argentino durante 26 años y todavía hoy se mantiene como la tercera mejor del historial argentino. Uno de los vencidos por Calonje en esa serie era nada menos que su conocido Berutti. “Apenas llegué a la meta, sentí el dolor. Me trataron los médicos con una pomada, de las que se utilizaba en ese momento. Pero ya en los cuartos de final corrí sin confianza, sin soltura, con temor”. Aún así, marcó 21s03, pero quedó sexto y no llegó a las semifinales. Esa serie de Calonge era ganada por Smith con récord olímpico, anticipando lo que sería su hazaña en la final.

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)
A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

Calonje nació el 2 de abril de 1945, llegó al atletismo de casualidad, como tantos otros, en su época de estudiante secundario. “Jugaba al fútbol, como todos, pero el profesor de educación física me vio condiciones de corredor. Me propuso que representara al colegio en una prueba de 800 metros en un Intercolegial y allí fui, sin ninguna preparación, terminé sexto. Después empecé a entrenar un poco, para otra prueba, los 400 metros”, recuerda. Calonje combinaba atributos para esa distancia: su velocidad natural –que demostraría más tarde con su campaña en los 100 llanos- pero también su fibra de competidor y la llamada “resistencia a la velocidad”. A los pocos meses, ya era uno de los velocistas más prometedores del país y una carrera que disputó en La Plata frente a otro dotado como Juan Stocker en 1964 está considerada la mejor del historial argentino (Stocker batió el récord nacional con 47s9, aventajando por una décima a Calonje). En la misma temporada, Calonje fue la estrella del Sudamericano de juveniles, en Chile, donde acumuló cuatro medallas de oro con los 200 y 400 metros individuales, y los relevos. “Allí me ofrecieron una beca para la Universidad de Columbia, para estudiar y competir en Estados Unidos. Pero la verdad es que no me entusiasmó, me parecía algo lejano. Yo estaba concentrado en mis estudios aquí y tampoco veía el atletismo como un desarrollo profesional. Lo practicaba, simplemente, porque me gustaba, tenía muchos amigos y nos divertíamos”.

Lo que vino después fue su consolidación como el imbatible velocista argentino de la década, en todas las distancias entre los 100 y 400 metros. Acumuló medallas y récords, tanto en los Campeonatos Nacionales como en los Sudamericanos y vivió su primera experiencia grande en los Panamericanos de Winnipeg, en 1967. Era su debut en una pista de tartán. “Allí corrí los 400 metros y me tocó en la serie con Lee Evans. Yo no tenía idea de tácticas, salí con todo y cuando cruzamos la mitad de la prueba, sentí que iba a la par. Terminé completamente ahogado, descompuesto, ni pude presentarme a las semifinales”. Para Evans, en cambio, era un ritmo habitual. Se llevó la medalla de oro y, un año más tarde, sería uno de los héroes olímpicos en México.

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)
A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

Calonje corría para Independiente y en 1968 sí, se concentró en clasificarse para los Juegos, tanto en 100 como 200 metros. Le exigían marcas mínimas que debía que lograr en pistas argentinas, hasta que lo concretó en su propio reducto platense, el 25 de agosto: 10 segundos y 3 décimas sobre el hectómetro, igualando el legendario récord de Bönhoff. Para el atletismo de nuestro país, era un acontecimiento. “Nos habíamos clasificado seis atletas en distintas pruebas, entre ellos Juan Dyrzka, que también estuvo brillante allá con su récord en 400 vallas. Esa vez se organizó muy bien el viaje, fuimos varias semanas antes para aclimatarnos, adaptarnos a la altura, a la alimentación y a la pista. Todo ayudó a conseguir buenos resultados”. Durante las pruebas preolímpicas en México, Calonje repitió sus 10s.3 en 100 y batió los récords argentinos de 200 con 20s.7 y 400 con 46s.7, en ambos casos con cronometraje manual, que hoy ya no se utiliza. Estaba listo para los Juegos. “Hoy, que ha pasado tanto tiempo, lo valoro todavía más. Sobre todo por lo que significó para nuestro atletismo”, agrega.

Calonje siguió un puntal recorrido en los seleccionados nacionales y un año más tarde, nuevamente en la altitud, pero en Quito, logró la medalla de oro de los 400 metros en el Campeonato Sudamericano. Fue –hasta hoy- el último velocista argentino en ganar una prueba en un Sudamericano. “Yo iba a correr los 100 y 200 metros, en las dos distancias quedé tercero, detrás de mis rivales clásicos, el chileno Iván Moreno y el peruano Fernando Acevedo. Pero el técnico y mis compañeros como el gran Carlitos Bertotti, inclusive los que habían ido para el individual de 400, me insistieron en que corriera esa prueba. Y para mí fue la mayor alegría en mi campaña. Yo sentía que nunca ganaría a nivel mundial pero que, al menos, debía hacerlo en un Sudamericano. Y se dio”. Por aquellos años fue el animador de las principales competencias locales, volvió a los Panamericanos en 1971 (llegó hasta la final de 200 metros) y clasificó nuevamente para los Juegos Olímpicos de Munich, en 1972. Pero su estado ya no era el mismo. “Sobre todo, por algunas lesiones de las que no podía recuperarme”, señala. Los estudios, y enseguida el trabajo, lo absorbieron y le dijo adiós al atletismo. Se despidió integrando la posta bonaerense en los Campeonatos Nacionales de ese año, donde uno de sus compañeros apuntaba como sucesor, el también platense Gustavo Dubarbier, padre del actual futbolista. Calonje, posteriormente, fue director del Banco Provincia y se dedicó desde entonces a su estudio, especializado en temas laborales.

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)
A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

A sus 73 años, Andrés Roberto Calonje guarda el recuerdo de su notable campaña en el atletismo. (Foto: Mauricio Nievas)

Conserva los recortes, las fotos y las sensaciones de aquellos momentos inolvidables. Conserva, principalmente, a muchos de quienes considera sus amigos, el verdadero tesoro que le quedó de su paso por las pistas. Desde aquel momento hasta hoy, y más allá de la estadística, o de las tablas de récords, el único “sprinter” argentino que alcanzó alguna actuación similar en el plano internacional fue Gats. Los desafíos son los mismos, los que tuvo Andrés Roberto Calonje desde sus solitarias prácticas en pistas de tierra o carbonilla. Y los que sigue recordando.

Su ficha deportiva

Calonje fue el primer velocista argentino que mantuvo simultáneamente los récords nacionales de 100, 200 y 400 metros llanos.

En 100 metros, su mejor marca fue 10s.39 con cronometraje electrónico el 13.10.68 en México y 10s.3 con cronometraje manual, tres veces.

En 200 metros, fue el primer argentino en bajar los 21 segundos con 20s.81 electrónicos (15.10.68 en México) y 20s.7 manuales (5.10.68 en México).

En 400 metros, su récord nacional fue 46s.7 manuales el 4.10.68 en México.

También tuvo los récords nacionales con los relevos 4×100 y 4×400.

En los Campeonatos Sudamericanos fue medalla de oro de 400 metros en Quito (1969) con 46s.9, y en el relevo 4×400. En 400 individual, ya había logrado medalla de bronce en 1965 en Rio y en 1967 en la pista de Parque Chacabuco. Y logró otras dos medallas de bronce (100 y 200 metros) en Quito.

Participó en los Juegos Panamericanos de 1967 y 1971, alcanzando aquí la final de los 200 metros y de la posta corta. Y estuvo en los Juegos Olímpicos de México 1968 y Munich 1972.

Representó a los clubes Universitario de La Plata e Independiente

Osorio, en el nombre del padre y del ídolo

Nota de LUCIANA ARANGUIZ / Diario Clarín

Foto: Oscar Muñoz Badilla

Cuando se realizó la primera edición de los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2010, Agustín Osorio tenía 9 años y vio por televisión como Braian Toledo, el pupilo de su papá Gustavo, festejaba su consagración en aquella cita de Singapur. En ese momento empezó a soñar con subirse él también a un podio olímpico. Pero no se quedó con el sueño. Entrenó y se dedicó a ese deporte que había aprendido a amar en su casa de chiquito. Y en Buenos Aires 2018, con su ídolo alentándolo desde la tribuna, hizo ese anhelo realidad.

El bonaerense consiguió una medalla de plata en lanzamiento de jabalina -la misma disciplina en la que había ganado hace ocho años Toledo- tras quedar quinto en la segunda etapa de la prueba con 74,25 metros. Esa distancia, sumada a los 76.03 que había conseguido antes, que fue su mejor marca personal, lo segundo en la clasificación general, detrás del finés Topias Laine.

Antes de estos Juegos estuve viendo videos de ese momento de Braian en Singapur y me hizo soñar más con subirme a un podio. Llegué a Buenos Aires 2018 con e objetivo de quedar entre los tres mejores y acá estoy, con la medalla de plata, muy contento. Y más feliz porque lo conseguí con mi papá. Tenerlo como entrenador me da mucha más confianza y hace que esto sea más especial”, contó.

Al lago suyo estaba Gustavo Osorio que lo miraba con orgullo. Cuando tuvo que ponerse en el papel de entrenador y explicar por qué su  hijo se había llevado una medalla, no lo dudó. “Porque tiene una mentalidad muy competitiva y, además, una muy buena manera de expresar la técnica propia del lanzamiento”, explicó.

La cabeza de Osorio se vio durante la competencia, que no arrancó de la mejor manera. Porque su primer lanzamiento fue nulo, pero él no se desconcentró y en el segundo consiguió esos 74.25 que le terminaron asegurando el podio.

“Después del primer nulo no quería otro. Así que tiré sin todas las ganas, pero buscando asegurar una marca. Y conseguí una que me posicionó segundo. Nunca sentí presión ni nervios. Después de la primera etapa ni pensaba en lo que iba a pasar en esta segunda. Tal vez tuve un poquito de ansiedad, pero la supe controlar bien”.

En la definición de esa medalla de plata hubo suspenso hasta el final. Al menos para Osorio, quien pensó que había terminado tercero detrás del checo Martin Florian, a quien superó por apenas cuatro centímetros. Ya festejaba el tercer lugar, cuando su nombre apareció como subcampeón y reaccionó con asombro. “Pensé que el checo me había pasado con su último lanzamiento. Después miré la pantalla y vi que no fue así. Y fue mucha más alegría. Una medalla de bronce no es poca cosa, pero una de plata es mejor. Este es el resultado de un montón de cosas. De la constancia para entrenar, del trabajo, de los sacrificios que se hacen. Pero si te gusta el deporte, todo vale la pena”, comentó.

Entonces, con la medalla de plata ya en su poder, llegó el momento de disfrutar. Primero, con la gente en el Parque Olímpico. Y después en la intimidad, con quienes lo conocen mejor que nadie. “Estuve con mi mamá Cándida y mi abuelo Justo Juan, que me acompañó un montó cuando estuve lesionado. Lloramos juntos. Devolverles todo eso con una medalla es muy lindo” contó.

Osorio cumplió ese sueño que tenía. Y ahora sabe que los Juegos Olímpicos de la Juventud pueden ser un trampolín para mucho más.

 

La ficha de Gustavo Agustín Osorio

. Nació el 2 de febrero de 2001, es de Marcos Paz (Buenos Aires) y lo entrena su padre, Gustavo Osoroi.

. En 2016 estableció el récord nacional u16 con el implemento de 600 gramos (66.04m el 26 de noviembre). Y fue campeón nacional de esa categoría en Neuquén con 61.70. También, tercero en el Nacional u18 de Rosario con 54.39 (implemento de 700 gramos).

. En 2017 compitió en el Mundial u18 de Nairobi y logró el 6° puesto con 69.01 metros. También ganó el Nacional en concepción del Uruguay con 61.20 m. y la medalla de oro en los Juegos Odesur de la Juventud, en Santiago de Chile, con 67.07 m.

. En 2018 obtuvo el título nacional u18 en Buenos Aires con 69.77 y la medalla de oro en el  Sudamericano u18 de Cuenca con 74.74 m., su mejor registro hasta entonces, que acaba de superar en la primera ronda de los Juegos Olímpicos de la Juventud con 76.03, para obtener luego la medalla de plata.

El orgullo de la familia Osorio

Fuente: Comité Organizador BA 2018

Gustavo Agustín Osorio se quedó con la medalla de plata en el lanzamiento de jabalina en Buenos Aires 2018 tras realizar su mejor marca personal. En la primera jornada obtuvo un registro de 76,03 metros y tres días después alcanzó los 74,25. Creyó que era tercero, pero descubrió minutos después de lanzar que se quedaría con el segundo lugar del podio. “Pensé que el checo me había pasado. Miré la pantalla, vi que quedé segundo y fue mucha más alegría de la que tenía”, admitió.

Es un atleta muy regular, va de a poquito. No es un chico que hace pasos agigantados”, destacó Gustavo Osorio (padree) sobre su hijo Agustín, a quien entrena desde pequeño. Un día el hoy subcampeón olímpico de la Juventud recogió su primera jabalina en el campo de la ciudad de Marcos Paz en el que su padre había iniciado su escuela de entrenamiento y nunca más se detuvo.

Osorio fue el entrenador que llevó a Braian Toledo a la medalla de oro en Singapur 2010. “Es como el oro, porque tenés doble función. Es muy lindo saber que el método y el trabajo que hacemos tiene sus frutos”, recordó. Y agregó emocionado: “Que de tres ediciones olímpicas, en dos haya habido atletas míos formados desde abajo es demasiado”.

Los tres medallistas del lanzamiento de jabalina. (Foto: Pablo Elías/Buenos Aires 2018)

“Quiero batir el récord mundial de juveniles”, adelantó el ganador de la medalla de plata. A futuro piensa en los Campeonatos Sudamericano y Panamericano de atletismo Sub 20 y el Mundial de la categoría en 2020, en Nairobi. Los Juegos Olímpicos de Tokio están lejos y apuntan todos sus cañones a Paris 2024, donde llegará con 23 años.

El finlandés Topias Laine sorprendió al público al conseguir un inédito registro personal de 78,85 metros para quedarse con el título Olímpico. “No sé cómo lo hice. Apuntaba a esta competencia, pero ni en entrenamientos lancé tan lejos”, reconoció.

Es difícil para los europeos tener el mejor rendimiento tan tarde en la temporada”, admitió el campeón. Los resultados no parecen indicar eso, ya que el checo Martin Florian, el medallista de bronce, también obtuvo su mejor marca individual en la última jornada del atletismo, con 76,24 metros.

Foto: Gustavo Osorio, por Oscar Muñoz Badilla

Nazareno Sasia: “Feliz con esta actuación y por la gente”

Por F. Lema / Diario Clarín – Foto: O. Muñoz Badilla

Mira de reojo a las cámaras, micrófonos y grabadores que lo acechan en la zona donde será bombardeado a preguntas. Lo tiene claro: lo suyo está dentro de la pista. Allí donde quebró dos veces su propio récord ante la multitud que se acercó al Parque Olímpico de Villa Soldati. Es Nazareno Sasia, ese pequeño gigante de 17 años que manda en la competencia de lanzamiento de bala en Buenos Aires 2018 gracias a batir los récords nacional y sudamericano, y a reafirmar por qué lidera el ranking mundial en la categoría de menores de 18 años.

El chico de Cerrito, un pueblo a 50 kilómetros de Paraná, Entre Ríos, es el encargado de abrir la competencia. Y lo hace en forma inmejorable: con 21,58 metros, para que lluevan los aplausos y cierre un puño por lo bajo, en forma de festejo. Es su mejor marca y también representa una presión enorme para los otros siete atletas de su serie.

Y en el cuarto y último lanzamiento, Sasia no se conforma con haber quebrado su marca sino que va por más y lo hace nuevamente. La bala de 5 kilos vuela hasta los 21,94 metros y establece una diferencia de 72 centímetros respecto al bielorruso Aliaksey Aleksandrovich, su perseguidor. Es evidente: la presión de llegar como el número uno del ranking mundial no le hizo ni cosquillas.

Venía con la ilusión de mejorar mi marca. Ya con el primer lanzamiento estaba muy contento, pero lo que salió en el cuarto fue muy bueno, así que estoy muy feliz”, suelta más relajado ante Clarín.

Se sabe que la ilusión crece por su holgada victoria, pero el propio Nazareno es el encargado de poner paños fríos. Al menos hasta el lunes, cuando volverá a la acción. “Estoy muy tranquilo. Volveré a hacer exactamente lo mismo que hoy y, mas allá de lo que suceda, voy a estar contento de todas maneras”, sintetiza.

Sasia naturaliza su facilidad para el lanzamiento. Este chico de 1,93 metro tuvo idas y vueltas con el atletismo. “De más chico practicaba fútbol y atletismo. Y una vez, jugando al básquetbol, llegó mi entrenador y me invitó a entrenarme en su escuela de atletismo. Y bueno, fui”, cuenta Nazareno en forma parsimoniosa, mientras juega constantemente con sus manos.

La historia cuenta que una vez insertado en el mundo del atletismo, Nazareno fue una aplanadora: ganó todas las competencias habidas y por haber. Hasta hubo quienes plantearon en Cerrito que se premie a más de un ganador, dando por sentado que Sasia finalizaría como el líder indiscutido de la competencia.

“Puede ser que se hayan tenido que pelear por el segundo puesto”, responde con una humildad inusual y una risa nerviosa. Y agrega, desviando el foco de la charla: “El pueblo siempre me apoyó y eso me pone muy contento. A fin de año se hace una fiesta del deporte y me nombraron embajador deportivo de Cerrito”.

Germán Lauro, referente de la disciplina que comparte entrenador con Sasia, le cuenta a Clarín: “Naza es el mejor proyecto que tiene el país. Tiene que tener una maduración deportiva y física. Le falta pasar una categoría de juveniles. Es un atleta al que hay que esperar 5 o 6 años para que tenga un crecimiento. No hay que tirarse de cabeza a exigirle resultados”.

Al respecto, Sasia comenta: “Con el Gordo nos conocemos hace un tiempito. Antes de salir a la pista, estábamos hablando de que la idea era disfrutar un poco este marco y que no influya de manera negativa”.

Con relación a ese ambiente particular que sienten los jóvenes atletas al competir en casa, a Sasia parece no afectarle. “En ese momento estaba metido en la competencia, pero igual escuchaba los aplausos. Estoy muy contento y agradecido con toda la gente que vino a ver los Juegos y muy feliz porque me han apoyado”, narra con una sonrisa indisimulable.

La espera no será larga para volver a contemplar su talento en Buenos Aires 2018. Este lunes, cuando a partir de las 14 haga volar esa bala que tan bien maneja, será el turno de apreciar su talento antes que pensar en los logros. A fin de cuentas, es apenas el inicio de un camino prometedor.

María Vicente, la gran carta española en BA 2018

(Nota de Pablo Ramón Ochoa , agencia EFE).  A María Vicente no le gustaba el atletismo, se rebelaba cuando su madre la quería apuntar. Un día la engañaron: le dijeron que iba al cine, la llevaron a una pista y el resto es una historia de película. En Buenos Aires 2018 es la gran esperanza de España y espera darle el “gusto a todo el mundo”.
Eso sí, la atleta catalana de 17 años, que en estos Juegos Olímpicos de la Juventud participará en triple salto al no existir su especialidad, el heptatlón, lo tiene claro en una entrevista con Efe este viernes: “yo lo quiero hacer súper bien y espero darle este gusto a todo el mundo, pero si no sale, bueno, habrá más campeonatos y más oportunidades”. 
Vicente, natural de L’Hospitalet, ciudad del área metropolitana de Barcelona, cuenta su último año por éxitos en un despegue internacional después de colgarse el oro en heptatlón en el Mundial sub’18 de Nairobi en 2017 -“no me lo esperaba para nada”, confiesa- y otro doble oro en la misma especialidad y en triple salto en el Europeo sub’18 en Györ (Hungría) el pasado julio.
A Buenos Aires 2018 llega con ese cartel y comienza a competir este sábado en la modalidad de triple salto, con menos entrenamiento que otras rivales al haber acabado tarde la temporada pasada y llevar solo un mes de entrenamientos.
Sin embargo, es consciente de que hay “presión” y recalca que “todo lo que signifique conseguir una medalla” está bien para ella, sea en la competición que sea.
“Las medallas también son un poco… ¿Cómo explicarlo? Te transmiten todo el esfuerzo por lo que has estado entrenando y es una recompensa a parte de los momentos vividos y la experiencia”, subraya una atleta cuyos referentes en España son la ex saltadora de altura Ruth Beitia y el decatleta Jorge Ureña.
Su entrenador, Fernando Martínez, es uno de los tres técnicos personales españoles que acude a la cita olímpica juvenil de Argentina, y con él trabajó el triple salto las últimas semanas con una preparación similar a la de Györ.
“En el Europeo también hice triple salto tampoco lo entrenamos mucho, así que creo que eso me va a ir bien”, comenta Vicente, que de esa manera fue campeona.
La plusmarquista mundial sub’18 de heptatlón reconoce que es “muy competitiva” y que ganar en Nairobi fue un punto de inflexión para su incipiente carrera.
“Fue como un punto de decir ‘a partir de aquí empieza otra María Vicente’, porque en ese momento yo me di cuenta de que podía llegar a estos campeonatos, de que no me tenía que conformar solo con quedar campeona de España sino que tenía que aspirar a algo más”, sostiene la atleta del club ISS L’Hospitalet.
Mientras dice eso, María mira la Villa Olímpica de la Juventud de Buenos Aires 2018, un evento que acoge a cerca de 4.012 deportistas de 206 países y que se disputa hasta el 18 de octubre, con ella en competición los días 13 y 16.
Es la primera experiencia olímpica de una joven promesa que sueña con Tokio 2020 pero que señala varias veces que lo importante es “disfrutar”, que en el pasado ya estuvo pendiente del “qué dirán” y que así, incluso si gana, “no es lo mismo”.
En la Villa se lo pasa bien, comparte habitación con tres de sus mejores amigas -“nos pusimos muy contentas cuando nos dijeron que podíamos estar juntas”- y conoce a “gente de todos los países”.
“Esta experiencia no me la va a quitar nadie”, afirma con una sonrisa.
Y todo eso sin querer, porque Vicente, de madre española y padre cubano, se negaba a correr en un club aunque ganase todas las carreras populares en la escuela.
Su familia no tuvo más remedio que tenderle una trampa: “me dijeron que me iba al cine y me llevaron a la pista y, bueno, una vez allí como vi a la gente que se lo pasaba bien, no me iba a quedar enfadada en el banco. Me puse a probar y me encantó”. Entre ese momento y Buenos Aires 2018 han pasado seis años y una carrera deportiva meteórica a la que aspira a sumar una corona de laurel.
Menos mal que la engañaron.