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Nazareno Sasia, con proyección a los Juegos 2018

La notable actuación del lanzador entrerriano Nazareno Uriel Sasia en el reciente Campeonato Sudamericano u18 en Cuenca (Ecuador) no sólo lo convierte -junto a nombres como el del garrochista Pablo Zaffaroni o el jabalinista Gustavo Osorio- entre las cartas más firmes de la Argentina para los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud-Buenos Aires 2018, sino que lo instalan como uno de los grandes proyectos del atletismo nacional hacia un futuro no tan lejano.

En el estadio que lleva el nombre del excepcional marchista ecuatoriano Jefferson Pérez, en el barrio de Miraflores, Sasia estableció un registro de 21,40 metros en lanzamiento de bala, batiendo así el récord sudamericano u18 que el chileno Joaquín Ballivian mantenía con casi un metro menos (20.53) desde octubre del 2010 en Santiago, durante una edición anterior de estos mismos campeonatos. Sasia, al mismo tiempo, batió el récord nacional que había fijado con 20.45 el 7 de octubre del año pasado, también en Santiago. Y se colocó al frente del ránking mundial de su categoría en la temporada 2018, donde sólo cinco de sus escoltas están por arriba de los 20 metros. El cubano Juan Carlos Vázquez, con 20.60m, marcha segundo, dos centímetros por delante del chino Jialing Xin. Y luego figuran el sudafricano Lohan Potgieter (20.16), el belarús Alaksei Aleksandrovich (20.14) y el italiano Carmelo Musci (20.12).

Son nombres a tener en cuenta con vistas a los Juegos. En la jornada final del Sudamericano, Sasia también se llevó la medalla de plata en lanzamiento del disco con 57.19m, escoltando al brasileño Vitor Gabriel Motin (58.03).

Sasia tiene, en esta especialidad, el récord nacional con 61,52 m., logrado el 14 de abril en Rosario, un registro que también lo encumbra en el top 10 mundial. No obstante, para los Juegos, sólo puede participar en una especialidad y así, obviamente, estará en bala.

Nacido el 5 de enero de 2001 en la localidad entrerriana de Cerritos, a una hora de la capital provincial, Paraná, Sasia se reveló pronto como un formidable talento para los lanzamientos, acumulando títulos en los Nacionales de las categorías menores y en los Juegos Evita.

En una entrevista realizada por Marianela Ballinoti (Deportea) se cuenta que los inicios de Nazareno Sasia en el atletismo “fueron en la Escuela Municipal de Atletismo de Cerrito, donde lanzaba pelotitas. Allí, Marcelo Borghello, uno de sus entrenadores, se sorprendió ya que el joven logró una medalla durante su primera participación. La diferencia notable que le sacaba al resto de los chicos le hizo darse cuenta de sus condiciones. Luego, probó con lanzamiento de jabalina, Sin embargo, la técnica para esta disciplina requería ciertas habilidades que le costaban. La cola de la jabalina le lastimaba la espalda, entonces decidió inclinarse por disco y bala. Poco a poco, el atletismo se transformó en su forma de vida. ´´Yo lo tomo así porque está todos los días ahí, en los entrenamientos, y pienso en eso todo el tiempo”, manifestó con su característica timidez, esa que provoca que prefiriera que su círculo familiar no lo acompañe a los torneos. Aunque en su interior anhela que lo sigan desde su casa.”. Desde allí, su mamá Soledad, su abuela Rosa y su hermana Ingrid palpitan cada una de sus progresiones atléticas.

Borghello, por su parte, contó en El Diario de Cerrito que  “Nazareno comenzó en la Escuelita de Atletismo Municipal en Cerrito, y con mi hermana Marisol, que es también Profesora de Educación Física, estábamos a cargo, y veíamos que tenía un biotipo ideal, para dedicarse a lanzamiento. Fue a la Fiesta del Gurí en Bovril, participando en el lanzamiento de la pelota de softbol, ganándole a chicos de 12 años. Y eso confirmó nuestra opinión. Con 13 años, ya estaba en Mar del Plata en las Finales Nacionales Evita, subiendo al podio. Tiene una gran conducta deportiva, intachable, humilde, de perfil muy bajo y dedicado a esto. Ama la disciplina y se entrena  todos los díasdías de la semana. Tres días en el Parque Berduc; tres días en Cerrito. Va al gimnasio tres veces por semana, y los domingos, como lo tiene libre, se va a entrenar un rato al Polideportivo que le queda a una cuadra y media de su casa. Eso, nos da una pauta. Es un apasionado de la disciplina, y por eso son los logros. Aparte de ello, mi agradecimiento a Sergio Alfonsini. Sabemos quién es dentro del atletismo, y que esté cerca de Nazareno le permite mejorar día a día, gracias al Municipio de Cerrito que hace lo posible para que pueda ir a Paraná tres veces por semana, y tenga la influencia y los conocimientos que le brinda Sergio, quien le abrió las puertas, al margen de que lo descubrimos en Cerrito. Nazareno es muy puntal, aparte  su mama y  su abuela, lo apuntalan muy bien”

Durante 2016, fue campeón nacional u16 en Neuquén con 19,41 m. (implemento de 4 kg), récord para dicha categoría. Y ese mismo año compitió en la u18, quedando segundo en bala de los Nacionales con 16.08 (ya con el implemento de 5 kg) y ganando en disco con 50.37 m. Esa actuación le valió su nominación para el Sudamericano u18 de Concordia, donde fue 7° en bala con 15.33 y 6° en disco con 51.10, en su primera experiencia internacional.

Durante 2017 pudo realizar entrenamientos en centros como los de Porto Alegre y León (España), participó en la gira de los menores argentinos con proyección olímpica, compitiendo en los Nacionales de España y en el torneo de Gotenburgo (Suecia). Al retornar, se apoderó de los títulos nacionales u18 de bala (18.18) y disco (52.39), en el certamen realizado como inauguración de la pista sintética de Concepción del Uruguay. Y dos meses más tarde, se consagró campeón de ambas pruebas en los Juegos Odesur u17 en Santiago de Chile, cuando atravesó por primera vez los 20 metros en bala (consiguió los citados 20.45 como récord nacional) y ganando en disco con 58.67.

En vísperas de su incursión en Cuenca, retuvo los títulos nacionales en Buenos Aires ocn 203.1 en bala y 57.42 en disco.

Nazareno estudia en el Colegio Nacional N° 41 de Cerrito, pero entrena tanto allí, en el Polideportivo local, como en el Parque Berduc de Paraná, adonde viaja diariamente y donde cuenta con la asistencia del entrenador nacional de lanzadores, Sergio Alfonsini.

“Es un chico talentoso, único, especial. Un chico tocado por una varita”, dijo Borghello, quien lo “descubrió” cuando vio su poderío en las categorías infantiles. En la citada entrevista para Deportea, Nazarena expresó que  “cada vez que compito siento ganas de superarme, superar mi marca y a mí mismo, hacer las cosas bien. Eso es lo que me motiva todos los días.” Su familia es muy importante y lo apoya siempre. “De un pueblito tan chico llegar hasta donde llegó es algo impresionante”, dice su madre, Soledad.

Seguidor del fútbol e hincha de Boca, dentro del atletismo Nazareno tiene, como referencia lógica, al gran lanzador de bala argentino -y finalista olímpico y mundial- Germán Lauro, con quien tuvo oportunidad de compartir algunas experiencias.

Foto: Gentileza Oscar Muñoz Badilla / desde Cuenca

Germán Chiaraviglio, rumbo a los Odesur

Por Luciana Aranguiz / DIARIO CLARIN

Portar la bandera argentina en un evento deportivo es un honor con el que sueñan muchos atletas, pero sólo unos pocos logran hacerlo realidad. Para algunos llega como un premio por alguna actuación resonante o como un incentivo por el gran potencial que representan de cara al futuro. Para Germán Chiaraviglio, haber sido elegido como abanderado para los Juegos Sudamericanos es el reconocimiento a una carrera que construyó a base de talento, perseverancia y mucha pasión.

A su regreso de Estados Unidos, donde se entrenó en la costa Oeste con alguna que otra competencia esporádica para aprovechar su visita a California, el santafesino, con una vida dedicada al salto con garrocha, desgranó sus sensaciones ante Clarín por tener el orgullo de portar la bandera celeste y blanca la delegación nacional en la ceremonia inaugural de Cochabamba 2018 el próximo 26 de mayo.

“A veces cuando se evalúan a quiénes elegir para este tipo de cosas por ahí no sólo se tiene en cuenta un resultado técnico, sino toda una trayectoria. Creo que en mi caso fue así. Es una alegría enorme. Imaginate, entre tantos colegas tan talentosos, con tanto nivel y con carreras excelentes, que me hayan tenido en cuenta es un orgullo para mí y para el atletismo. Aunque eso también habla de que me estoy poniendo viejo”, reflexionó Chiaraviglio.

El santafesino no tuvo una carrera fácil. Después de su irrupción a nivel internacional con los títulos mundiales sub-18 en 2003 y sub-20 en 2006, le costó manejar las grandes expectativas externas y sus primeros años en mayores no fueron sencillos. Y cuando la madurez le enseñó a no quebrarse ante la presión, tuvo temporadas muy duras marcadas por lesiones. Aún así, logró meter su nombre en la historia grande del atletismo argentino.

Ganador de once títulos nacionales y actual bicampeón sudamericano, vivió momentos que no se borrarán de su memoria. Como ese salto de 5,75 metros en la final de los Panamericanos de Toronto 2015 con el que se colgó una medalla de plata y estableció un nuevo record argentino. O haber sido finalista en el Mundial de Beijing 2015 y en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

“Esto es un reconocimiento a todos los años que le dediqué a mi deporte y a todo lo que me costó. Tuve años complejos por las lesiones, pero pude recuperarme y volver después al nivel que pretendía. Me parece que todo eso puede haber ayudado para que me eligieran para este gran honor. Es sorpresivo, pero me hace muy feliz”, reconoció el santafesino. Y admitió que los mensajes que recibió de algunos colegas hace todo más especial.

“Que ellos, que son grandes deportistas y algunos hasta amigos que me dio el deporte, me feliciten y se pongan tan contentos como si fueran ellos los elegidos significa mucho. Y vale un montón”, aseguró.

Durante las semanas que pasó en Estados Unidos, terminó primero en un certamen en Los Ángeles con 5,45 metros y quinto en otro, más exigente, en Des Moines con 5,50. Hoy, de vuelta en Buenos Aires, ya tiene la cabeza puesta en Cochabamba.

“La idea es aprovechar estas semanas que quedan para los Odesur para ponerme bien físicamente, porque una molestia en la espalda me estuvo complicando. Todavía me falta un poco para llegar al nivel que creo que hay que tener para estar entre los mejores diez o quince del mundo, pero voy por el buen camino. Pude mantener una estabilidad desde que empezó el año entre 5,40 y 5,50, un piso que en 2017 me había costado bastante. Me veo bien para los Juegos, un poco más grande, pero con muchas ganas de representar a Argentina”, contó Chiaraviglio.

Y aunque la idea de volver a ser olímpico en lo ilusiona, prefiere no mirar demasiado hacia adelante. “Quiero ir despacito. Hoy quiero estar concentrado en los Odesur, que siempre son unos Juegos lindos porque empiezan a encender la llama olímpica y te renuevan la esperanza y las ganas de competir. Me encantaría ir a Tokio, pero sé que no es fácil. Y prefiero ir pensando en los objetivos años por año. Además ya tengo 31 años, físicamente estoy bien, pero hay días que cuesta más. Entonces es bueno ir pensando a corto o mediano plazo. Eso me va a dar más tranquilidad para disfrutar lo que me queda”, afirmó el santafesino, que a pesar del paso de los años y los obstáculos que tuvo en su carrera, no pierde la motivación.

“Soy un apasionado de esta disciplina, muy estudioso de lo que es el salto en sí, de la estadística histórica, de la biomecánica del movimiento, de todo lo que tiene que ver con el arte del salto con garrocha. Soy un obsesivo, pero me encanta. Y cuando uno hace algo con pasión no hay domingos ni feriados y no te pesa. Eso me motiva para seguir”, contó Chiaraviglio, el abanderado argentino para Cochabamba 2018.

Solange Witteveen, recuerdos desde EE.UU.

Por María Kexel / Diario Clarín

Si se busca a Solange Witteveen en Internet, Google la definirá como una atleta olímpica, especialista en salto en alto que compitió en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 y en Atenas 2004 y que fue medalla dorada en los Juegos Panamericanos de Winnipeg de 1999. También dirá que su marca de 1,96 metros obtenida en Oristano, Italia, en 1997, es el récord sudamericano vigente. En realidad, también debiera decir que Solange Witteveen es empresaria, madre y actriz que apunta, con 41 años, a meterse en la pantalla chica de la televisión estadounidense.

Desde Los Ángeles, donde vive hace más de 10 años cuando cruzó el mundo para seguir a su amor, Solange Witteveen le cuenta a Clarín su nueva vida, alejada del deporte y con el sueño de poder dedicarse a la actuación.

-¿Te definís como actriz hoy?

-Y… no sé. Trato de dedicarle cada vez más tiempo. La realidad es que encontré la pasión del atletismo en otra cosa. En marzo se cumplen tres años de que arranqué con esta idea. Ahora presentamos escenas con la clase en junio y en agosto, y en diciembre una obra. De a poco me voy enganchando. La sensación que tuve la primera vez que hice la presentación de una escena fue la misma que sentía en la previa de un torneo: esa energía, adrenalina y euforia fue exactamente igual a la de un torneo. Creo que por eso me apasiona tanto esto.

-¿Cómo pasaste de atleta a actriz?

-En realidad yo ya había estudiado un poco cuando vivía en Valencia. Entrenaba a la mañana y a la tardecita, a la hora de la siesta, me escapaba a mi clase de actuación. Y después volvía a entrenar a la tarde. Cuando viví en Argentina me anoté en el conservatorio, pero por mi carrera empecé a viajar y se me hacía imposible. Después hice la carrera deportiva que logré y hace unos años dije: “Bueno, a mí me gustaba esto, ¿por qué no me doy una chance?

-O sea que no hablás de un hobby sino de dedicarte a esto profesionalmente.

-Estoy en la ciudad adecuada para intentarlo. Si me quiero dedicar a actuar estoy en el lugar ideal, ¿no? Me fascina y lo disfruto muchísimo y el tiempo que le dedico intento que sea al máximo, como para que el día de mañana, cuando tenga un poco más de tiempo, pueda empezar a ir a castings y que digan: “Uy, esta piba es buena”. Pero sé que es muy difícil lograrlo.

-¿Por qué difícil?

-¡Hay tanto nivel! Hay demasiada gente buena en Los Angeles y por supuesto es más la cantidad de personas que los puestos de trabajo disponibles. Son miles los estadounidenses que van a Hollywood con el sueño y se vuelven con las manos vacías. Todos bailan, todos cantan y todos actúan bien. La gente es polifacética acá. Así que no pongo la varilla en ningún lado. Yo aprendo y disfruto mucho el camino que estoy haciendo. Mi objetivo es tener el tiempo que quiero para dedicarme y si logro que sea mi profesión, sería fabuloso.

-¿Por qué no te podes dedicar de lleno ahora?

-Con las tres gorditas se hace complicado. Alexia tiene 6, Caterina 5 y Tatiana 3. Además con mi marido tenemos una compañía que arrancamos hace 3 años. Él es el impulsor y emprendedor en el asunto, y yo lo acompaño. Es una empresa de alquiler de autos eléctricos, una industria que en Estados Unidos y sobre todo en Los Ángeles está en pleno auge. Se está promoviendo bastante la preservación del medio ambiente, y esto, que es completamente sustentable, va de la mano. Tiene la veta ecológica, y además es algo muy innovador. Y la cuestión es que me saca muchísimo tiempo.

-¿Como viviste la transición entre el atletismo, retirate y la idea de dedicarte a la actuación?

-La gran ventaja que tuve es que viví el retiro de una manera mucho más natural. Pero también hay otra cosa. Yo me fui a vivir a un país en el que ni siquiera saben que hay atletismo en Argentina. A ese nivel. Una está acostumbrada a un trato diferente. Encima me enfrenté con un rubro nuevo. No fue fácil eso de tener que bancarme ser el último orejón del tarro. Y arrancar algo nuevo a una edad en la que ya sos grande. Tengo compañeras 10 ó 15 años menores que yo. Aunque arranqué más tarde porque me dediqué a otra cosa antes.

Flaquita, te dejo abierto el gimnasio el 24 y el 31, ¿no?. Cuenta la anécdota a la distancia Solange Witteveen. Dice que Rubén Delio, encargado del CeNARD en esa época del cambio de milenio, le dejaba abierto el gimnasio para entrenar, aunque fuera feriado. “Me abrían especialmente el gimnasio porque me peleaba con todo el mundo si no me dejaban entrenar, ‘¿vos te creés que mi rival deja de entrenar porque es feriado?’, le decía a Rubén. Yo tenía que entrenar igual. Así de loquita hacía lo que me gustaba, porque me apasionaba y no me importaba dedicarle el día entero”.

-¿Tomás consciencia de lo que fuiste como atleta?

-Vivo en otro país, haciendo otra cosa. Pero en septiembre del año pasado me hicieron un homenaje porque se cumplían 20 años de mi récord sudamericano, y ahí es cuando te cae un poco la ficha. Me emocioné un montón. Me entregaron una plaqueta de la Confederación y hasta buscaron a mi maestra, que fue la que me inició. Miro para atrás y veo mi carrera deportiva como algo muy lindo, algo que se lo recomiendo a cualquiera.

-Están los que dicen que el alto rendimiento no es del todo sano porque expones tu cuerpo a limites extremos, ¿Qué pensás?

-Y… hay bastante de cierto. Yo hacía sentadillas profundas con 120 kilogramos de peso, y llegué a hacer un cuarto de sentadillas con 230. Eso no es bueno para una espalda. No es saludable. Justamente, uno siempre busca límites. ¿Quién te puede decir que poner esa presión en mi espalda y ese peso a mis piernas es sano? Y no, nadie. Pero creo que la exigencia mental que uno hace es la que vale la pena. Pero depende de cada atleta. A mi me dio una perseverancia que es la que me lleva al éxito en mi vida. Y yo noto mucha gente alrededor mío que no la tiene. No sólo en el deporte. Hay excepciones, pero creo que si algo conecta a todo el alto rendimiento es la tenacidad.

-¿Qué sensación tenés cuando hablás de atletismo?

-Miro para atrás y digo… Uy, qué bueno haber podido hacer eso en mi vida. Qué lindo. Estoy súper agradecida de lo que me dio el atletismo durante un montón de años. No me queda ningún sabor amargo porque lo hice hasta que quise y cuando dejé fue porque ya era hora. Ya había pasado el ciclo y estaba en otra etapa. Siempre busqué cosas nuevas que me motivaran y si hay que volver a arrancar de cero, así será.

-¿Hay talento en Argentina?

-Uff… muchísimo. Pasa que en Argentina el talento muchas veces no tiene para comer. Y tiene que elegir: trabajo o atletismo. Y es obvia la solución. Pero los genes están. Además es un deporte que tiene muchas ramas. Hay disciplinas para el alto, el bajo, el más flaco o el más gordo. Pero al talento hay que ponerle la zanahoria adelante. Es complicado el camino deportivo en Argentina.

-¿Cómo ves el salto en alto a a la distancia?

-Ahora estoy completamente alejada del atletismo. Pero tengo muchos amigos y veo que está la voluntad de generar cambios y de que las cosas funcionen. En cada área, y no sólo en salto en alto, hay una persona que intenta poner su granito y desde que me metí en esto veo gente que intenta hacer que funcione. Pero es complicado, como todo. Se necesita una base y entrenadores muy capacitados. Y más pistas en todos lados, no sólo en el CeNARD. Hay muchas cosas por hacer.

Si el deseo de las personas se midiera sólo por actitud y entusiasmo, Solange Witteveen encabezaría cualquier lista. Es emprendedora a los 41 años y rompe con los supuestos. Le gusta decir que por ser madre de tres hijas no tiene la vida resuelta. Con varios pergaminos encima, busca nuevos desafíos. Y la vida le da la razón: aún conserva el récord de salto en alto y ya tiene los bocetos de sus nuevos planes.

Guillermo Ruggeri, en su tierra mendocina

Por Juan Pablo Torre / Mendovoz.com

Después de un año lleno de logros -el más destacado en su carrera, como lo definió él-, MendoVoz accedió a un mano a mano imperdible con el mejor atleta argentino en pista de la actualidad: Guillermo Ruggeri. El deportista comenzó como decatleta y hace poco más de un año se pasó a los 400 metros con vallas, disciplina en la que está rompiendo todos los récords y las marcas nacionales.

Guillermo, de 25 años, es nativo de Maipú pero para desarrollar su carrera deportiva tuvo que instalarse en Buenos Aires hace diez años en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), en donde becan a los mejores atletas del país para que puedan desarrollar su carrera.

Como siempre sucede, para fin de año, Guillermo pasó por Mendoza, adonde vino a pasar las fiestas junto a su familia y a continuar con la pretemporada. Además está estudiando el Profesorado de Educación Física, y es hincha de River Plate y fanático del Indio Solari. Ruggeri nos recibió en el polideportivo Juan Domingo Ribosqui, lugar donde empezó a dar sus primeros pasos junto a Manuel Aidar, su entrenador en la infancia.

-¿Cuál es la sensación de estar acá, donde empezó todo?

-Siempre vuelvo a Maipú porque me encanta, me libero de tensiones, me relajo. Esta siempre va a ser mi casa. En esta oportunidad vine con mi novia y mi mejor amigo, quienes me acompañan siempre a entrenar para que no esté solo.

-¿Cómo arrancaste con el atletismo?

-En realidad me inicié en Coquimbito, en una escuela de fútbol. Ahí había una profe, Daniela Ocaña, y ella me dijo que me probara en el atletismo. Hasta ese momento no se me había cruzado por la cabeza practicar esta disciplina. Ella me dio la idea porque vio que era rápido y me encantaba correr, y la verdad es que cuando arranqué me empezó a gustar y a la vez me di cuenta de lo difícil que era, pero eso no me frenó ya que me gustaba lo que hacía.

-¿Cómo fue lo de irte a Buenos Aires de tan chico?

-Me fui cuando tenía 15 años. En el 2008 gané los juegos Evita en Mar del Plata y en ese momento comenzó mi carrera en el atletismo. En mi familia me apoyaron desde el primer momento porque sabían que me gustaba lo que estaba haciendo. Además, al principio tenía la posibilidad de venir bastante seguido a Mendoza; después, con el paso de los años y los compromisos se complicó un poco más.

-¿En qué parte de la preparación estás?

-Después de los Juegos Universitarios de Taipei (China) me tomé una semana de vacaciones y ahora estoy en plena pretemporada. Me encuentro en la fuerza máxima en la pista para saber cómo estoy parado de cara a lo que viene.

-¿Cómo entrenás cuando no tenés a tu equipo de trabajo?

-Mi entrenador, Carlos Yoyo López, es muy estricto con el tema de las rutinas y las planificaciones; él me manda todo armado para un mes completo y, dependiendo de cómo me siento, la vamos modificando.

-¿Cómo fue el paso del decatlón a los 400 con vallas?

-Tener la posibilidad de ir a Europa y codearme con grandes atletas y equipos de trabajo me cambió la cabeza. Entonces, cuando volví de la gira me di cuenta de que en el país no hay entrenadores especializados en pruebas combinadas. Además, en un momento me cansé un poco del decatlón porque sentía que estaba un poco estancado y terminé decidiéndome por los 400 con vallas, ya que dentro de la especialidad marcaba buenos tiempos en los 400 llanos.

-¿En algún momento pensaste en abandonar?

-Sí, después de un torneo en Río de Janeiro (Brasil) en donde llegué lesionado y no tuve una gran performance. Después de eso, mi novia Fiorella me presentó a Yoyo López, quien me dijo que teniendo en cuenta mis aptitudes físicas podíamos probar con los 400 con vallas. Y en las primeras tres carreras que tuve ya estaba en el top 5 nacional y a la sexta batí el récord argentino.

-¿Cuáles son los objetivos para este año?

-Tengo una competencia en Perú y los juegos Odesur en Cochabamba (Bolivia); eso como primera medida. Un objetivo a largo plazo son los Juegos Olímpicos Tokio 2020. También tengo una serie de torneos programados en Chile, Uruguay y Paraguay.

-¿Cómo estás posicionado en Sudamérica?

-Sacando a dos brasileños, que son los mejores en la actualidad y tienen las mejores marcas, soy el tercero.

-¿Al Sudamericano fuiste buscando el Mundial o se terminó dando?

-A principio de 2017 hice una de las mejores marcas después de mucho tiempo (50”36) y con ese tiempo quedé segundo en el top permanente nacional. Eso me dio un indicio de que en el Sudamericano podía pelear una medalla y fui con ese objetivo, que por suerte se dio.

-¿Cómo fue compartir el Mundial con atletas reconocidos mundialmente?

-Para mí ya era una locura estar ahí. Apenas llegué, empecé a ver a los deportistas que seguía por las redes sociales y estar ahí con ellos fue una motivación extra. Llegué con la marca 35 de 40 competidores que había. Cuando pasé a semi estaba 24o y, lamentablemente, en la semi me descalificaron por pisar otro andarivel. Si no, quedaba en el 11o puesto.

-¿Es difícil llegar a alto nivel en tu disciplina?

-En el atletismo hay que perseverar, no hay otro secreto. Lo ideal es no dejarlo de lado ni un solo día, porque cuando vas a retomar te cuesta el doble. Hay que tener mucha conducta.

-¿Cómo hace un atleta para financiarse?

-Vivo en el CENARD, así que no tengo gastos de alquiler ni comida, y estoy muy agradecido de estar becado ahí. Después, el tema de subsidios y becas se va dando a medida que vas obteniendo resultados en las diferentes competencias. Se puede vivir, pero lo ideal es tener algo para el futuro, por eso estoy estudiando Educación Física.

-¿Cómo está formado tu equipo de trabajo?

-Está formado por Yoyo López, que es mi entrenador de pista; Gabriel Lemme, mi preparador físico; Juani Fontana, que es mi kinesiólogo; César Juárez, mi masajista, y un deportólogo. Es un grupo que trabaja muy bien, y para mí, todos son muy importantes.

-¿Qué le podés decir a un chico que recién empieza en el atletismo? 

-Para mí, es la madre de todos los deportes porque te preparás físicamente al máximo. Es un deporte que te obliga a hacer vida sana, te encamina a una buena vida, sin dudas.

Bárzola sueña con medallas para la Argentina

Por Juan Cruz Fagán – Diario Clarín

Dos horas, diecisiete minutos y cincuenta y cuatro segundos. En ese lapso de tiempo se puede ver un partido y medio de fútbol o viajar desde el Congreso Nacional a Dolores. Pero a Miguel Barzola, en Londres 2012, esos casi 140 minutos le valieron convertirse en el atleta argentino con la mejor marca histórica en el maratón olímpicosu actuación más memorable . Nacido hace 35 años en Bragado, a 200 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, pero con su vida profesional encaminada en la ciudad española de Alicante, Barzola le contó a Clarín esa historia, su historia de vida.

Albañil de profesión, Barzola compitió durante algunos años en la Argentina hasta que decidió emigrar al Viejo Continente, donde los atletas reciben un mayor apoyo económico y pueden vivir del deporte. “Llegué hace 13 años. Nos fuimos en 2004 más que nada porque con mis amigos estábamos flojos de trabajo, teníamos que hacer algo para movernos y tuvimos que generar un cambio. Trabajé desde los 13 en la construcción y apenas tenía una Zanella 50; bueno, un amigo y solamente tenía una bicicleta playera, je”.

A pesar de haberse instalado en Europa y haber mejorado su calidad de vida tanto en lo personal como en lo deportivo, Barzola culminó su carrera como albañil de tiempo completo apenas hace un tiempo, aunque en algunas oportunidades debe volver a su antiguo oficio. “En España trabajé como albañil hasta hace 5 años y cada tanto lo hago, porque el atletismo no te da mucho en realidad -confiesa-. Como me dediqué un año entero a correr, sólo lo hago por necesidad”.

-¿Qué diferencias hay entre ser atleta en la Argentina y en España?

-No hay punto de comparación. En Bragado solamente había una pista de tierra. Cuando yo estaba, se mantenía un poco nada más. Acá es totalmente diferente. En Alicante hay tres pistas de tartán en 15 kilómetros de distancia. En Buenos Aires tenés la del CeNARD y para encontrar otra hay que irse a Mar del Plata. O sea que tenía que viajar 300 kilómetros para entrenarme en una. Acá, en un radio de 20 kilómetros, tengo más de cinco pistas. Y con la licencia federativa accedo a cualquiera de ellas.

Para él, lo más importante es el valor del dinero y el estilo de vida que puede llevar en Europa. “El alquiler y la comida son muy baratas y así te mantenés en un buen nivel -cuenta-. Si sos parte de un club, te garantizás que te costeen todos los viajes. Hace pocos días corrí un cross y mi manager me dio todo el dinero. Entonces está bueno porque todo eso es ganancia para mí”.

Los premios por competir en las carreras y el apoyo recibido ayudan a que los atletas en Europa puedan tener un mayor sustento. “Acá hay carreras populares que reparten entre 500 y 1.500 euros, lo cual es un muy buen premio. Y además en cada carrera hay un fijo de 700 euros por presentarse -asegura-. Eso es lo que le falta a la Argentina: que te ayuden con un pasaje o con un monto fijo para no volverte con las manos vacías“.​

Claro que vivió un momento muy feo cuando en 2009, luego de competir en Marruecos, casi no lo dejan entrar a España. “Me pararon en la Aduana y me dijeron que tenía un sello de entrada de más de tres meses y a mí se me había vencido. No me dejaron entrar, pero un amigo atleta de Madrid, Pablo López Bendito, me ayudó a pasar porque conocía al jefe a cargo”, recuerda.

“Fue una experiencia rara, porque en ese momento no tenía el pasaporte de residencia y ahí me di cuenta del peligro que podía traerme -admite-. Por suerte al poco tiempo presenté todos los papeles y demostré todo. Estuve una hora en la Aduana y recién ahí me dejaron pasar. Todo por una carrera en Marruecos, je”.

Además de haber podido encontrar una estabilidad financiera y deportiva, Barzola halló en Alicante un lugar del que pretende no regresar más. “Desde que llegué a España y a Alicante, supe que me iba a quedar aquí y que no quería volver. Soy muy casero y me cansa viajar siempre. De momento, mi mentalidad esta acá, principalmente porque mi pareja Yésica también vive en España. Estoy mucho mejor acá que en Argentina“.

​-¿Pensás en qué vas a hacer cuando se termine tu carrera?

​-Realmente no lo sé, je. Me quedan tres años de carrera. El atletismo es muy sacrificado, pero como hobbie está muy bueno. No obstante, empecé a entrenar gente y a lo mejor me dedique a eso porque me gusta. Como cualquier persona que se tiene que mantener para hacer atletismo, cuando me retire tendré que trabajar. Algo bien diferente es la situación de los medallistas olímpicos.

Barzola aún tiene grabado a fuego el fiel recuerdo de lo que fue su participación en Londres 2012.Llegar a unos Juegos Olímpicos es lo más grande que le puede pasar a un deportista y lo que todos quieren realmente, porque lo intentás por más que no se te dé. A mí me puso muy contento haber competido y terminado 35° gracias a que me pude preparar bien por haberme clasificado mucho tiempo antes”, relata.

Imposible que un deportista se olvide de sus vivencias olímpicas. Lo refleja también Barzola: “Lo de los Juegos fue impresionante por la gente. Si no terminás la prueba, realmente no sos olímpico. También influye mucho el día, el clima, todo… No es fácil. Por eso cuando quise prepararme para Río 2016 y no logré clasificarme por 40 segundos, valoré mucho más lo logrado en Londres”.

​-¿Cómo te impactó quedar afuera de Río 2016 por tan poco?

-Estaría mintiendo si no te dijera que me quedó la espina. Cuando me enteré que los Juegos Olímpicos iban a ser en Brasil, quería estar porque mi familia y mis amigos iban a poder estar presentes y verme. A Londres habían ido igual junto con algunas personas de Bragado, pero estar en Río hubiera sido muy lindo.

Lógicamente, para llegar a este nivel de exigencia y competir en la elite, el entrenamiento es un factor clave. Es por eso que el oriundo de Bragado acumula una gran cantidad de horas semanales trabajando su cuerpo para la competencia. “Me entreno por la mañana, de 9 a 11 y después hago un rodaje de 45 minutos, más pesas. Y cuando no estoy próximo a una competencia, hago doble turno y a la tarde empiezo a las 19 y termino a las 21.30 o 22”, dice.

En base a ese trabajo duro, Barzola espera conseguir lo que para él sería su logro máximo como deportista: una medalla para Argentina. “Me hubiera gustado estar en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 para ganar una medalla, pero me privé de participar por una lesión al hacer buenas maratones -explica-. Me voy a preparar para los Panamericanos de Lima 2019, los Sudamericanos y los Iberoamericanos. Me queda esa espina de ganar una medalla para Argentina; eso sería todo para mí. Son los torneos más importantes y ganar una medalla es lo máximo a lo que un deportista puede aspirar. Esa es mi meta. Lo hice en juveniles en 10.000 metros, pero no es lo mismo”.

Otra de las cuentas pendientes en su lista fue el hecho de no poder participar del Maratón de Buenos Aires, para la cual se había preparado especialmente compitiendo en el medio maratón de septiembre, en el que se consagró subcampeón nacional, detrás de Mariano Mastromarino. “Lo de Buenos Aires fue complicado -sostiene-. El medio maratón fue realmente positivo, pero tuve dos gripes y sinusitis antes del maratón y correr no era lo conveniente. Me molestó no poder estar“.​En los 21K de Buenos Aires de este año, Miguel Barzola fue subcampeón nacional de medio maratón, detrás de Mariano Mastromarino.

Los maratonistas tienen que cuidarse al extremo con la alimentación, la hidratación, la preparación física y el descanso. Sin embargo, Barzola admite que de tanto en tanto se da un gustito. “Me encanta juntarme con amigos, tomar mates o una cerveza y distraerme. Cuidarme desde la alimentación nunca fue mi fuerte”, confiesa.

“Me acostumbré a viajar, a tomarme vacaciones con mi pareja y a estar tranquilo, Acá lo suelo hacer -agrega-. Aprendí que hay que vivir más y disfrutar cada momento y acá realmente lo estoy haciendo. No perdí ninguna de mis costumbres argentinas, je”.

El atletismo hizo que Miguel Barzola dejara a un lado su oficio y aunque ya no tenga elementos de albañilería en sus manos, seguirá intentando construir su futuro de la mejor manera.

Sorprendido y feliz por el fenómeno del running en la Argentina

A pesar de tener su vida encaminada lejos de la Argentina, el fenómeno de las carreras de calle que se ha producido en los últimos años no es algo que resulte ajeno para Miguel Barzola.

Como todo atleta, el hecho de que el deporte que practica sea furor es un motivo de alegría. En relación a este repentino crecimiento, el bragadense realiza el siguiente análisis: “Sinceramente no me dejan de sorprender la cantidad de inscripciones en las carreras en Buenos Aires y en el país en general. Para poder juntar 22.000 personas en el medio maratón y 10.000 en el maratón, hubo un trabajo de muchos años de parte de la organización”.

Por otro lado, asegura que la popularidad del deporte y el hecho de que cada vez más personas puedan sumarse a él es algo más que positivo para la disciplina, aunque advierte que este furor es producto de un sostenido esfuerzo. “Han hecho un buen trabajo con los sectores populares y espero que estos resultados se sigan dando para que el deporte se magnifique aún más”, concluye.