Carlos Gats, a dos décadas de sus récords de velocidad

Por FABIO DANA / Diario Clarín

El 17 de julio de 1998, en el Campeonato Iberoamericano de Lisboa, Portugal, Carlos Gats saltaba a la pista de atletismo con dos objetivos en mente: mejorar el récord nacional de 100 metros, que ya estaba en su poder, y quedarse con la medalla de oro. Terminó en el tercer puesto, pero se dio el gusto de superar su propio registro, marcando 10s23/100. Un día después volvió a competir, en este caso en los 200 metros: fue medalla de plata y repitió su proeza: quebró su propio récord al registrar 20s37/100.

El logro del ex velocista de El Palomar, que en ese entonces tenía 24 años, fue muy importante dentro del atletismo nacional. Sin embargo, por ese entonces, pocos imaginaban que 20 años después los registros seguirían sin batirse. Hoy, a los 48 años, Gats sigue siendo el dueño de ambas plusmarcas. Y recuerda, en la redacción del Zonal Clarín, aquellos momentos de gloria en el máximo nivel.

El día de los 10s23/100 salí muy bien en la partida, cosa que no era frecuente en mí. Venía haciendo una gran carrera, pero en un momento el brasileño Edson Ribeiro me pega un manotazo y me desequilibra. Yo venía centrado, como un motorcito, y terminé la carrera tercero, pudiendo haberla ganado. Me fui feliz por batir el récord, aunque con la sensación de haber podido hacer más. Sin ese contratiempo, podría haber bajado el registro a 10s18 con comodidad, o a 10s12 como algo posible”, asegura.

En los 200 metros, su verdadera especialidad, la expectativa era otra: “Mi fuerte era en esa distancia, yo iba a buscar el primer lugar del podio. La disputa era con el chileno Keitel, y él me saca ventaja en la primera curva, porque era un muy buen corrredor de codos. En este caso  quedé segundo y también mejoré mi propio registro”.

La pregunta que surge es inevitable. ¿Por qué pasaron 20 años y las marcas  siguen sin mejorarse? Gats trata de encontrar respuestas. “Hay varios factores. El sistema de educación, por ejemplo,deja a un costado el atletismo, se trabaja poco en las escuelas, mientras que en el resto del mundo sí se le da importancia. Acá hay buenos biotipos para cualquier prueba de atletismo, que es el deporte que más medallas da en Juegos Olímpicos”, analiza Gats.

Y continúa: “Es un deporte que depende de caudillos. Como lo fui yo en un momento de los ‘90, luego llegaron Lauro, Dahlgren, Chiaraviglio, Toledo, esos ejemplos suman. El 10s23/100 mío te llevaba a tener seis tipos más abajo de 10s40. Y hoy, en un Nacional, es raro que bajen el 10s50/100. Es muy grande el trabajo que hay que hacer”.

Además, en relación a otras disciplinas, la cantidad de chicos que practican esta actividad es mucho menor: “Acá podés tener 5.000 federados, cuando el rugby o el hockey  están por encima de los 130.000. No tenemos base en la piramide. A un atleta bueno lo tenés que cuidar mucho, porque si se cae  no tenés más”.

Luego de dos décadas con los récords en su poder, Gats dice que se sentiría feliz si alguien logra superarlo: “Siento orgullo de las marcas, pero  considero que los récords son para mejorarlos. No me siento dueño de esos logros, para nada, sólo puse la vara un poco más alta”.

Carlos Gats nació el 11 de diciembre de 1969 en El Palomar. Y como muchos deportistas de elite, comenzó en el atletismo casi por casualidad. “A mi hermano Alejandro lo habían mandado a hacer atletismo por prescripción médica, y yo lo acompañé. Empezamos en la pista de Hurlingham, y después comenzmos a ir a GEBA”, recuerda. Y aclara que a él, de chiquito, le gustaba el fútbol: “Me fui a probar a Vélez, pero mi viejo me cortó las alas. Era un defensor más bien rústico. Imaginate como sería que los delanteros me veían y se  cambiaban de punta”, se ríe.

Con el correr de los años y luego del retiro, a los 30, comenzó a destacarse como entrenador. Uno de sus logros más importantes se dio como preparador físico de Los Leones, que en Brasil 2014, en los Juegos Olímpicos, levantaron la medalla de oro. Hoy es preparados físico de Curupaytí en rugby, también es entrenador en el Colegio Militar y trabaja en la Municipalidad de Morón, visitando escuelas dentro del  programa ‘Morón Saludable’: “El trabajo con los pibes es muy importante. Yo digo que se puede correr como Mbappé, a 38 kilómetros por hora, y hasta podés marcarlo, pero para hacerlo hay que hacer un trabajo especial y diferenciado”.