Los velocistas argentinos y Levaggi ganaron en Bolivia

“Mario Paz”, el primero de los torneos del Grand Prix Sudamericano en la etapa de Bolivia, se cumplió este viernes 11 de mayo en la pista de Santa Cruz. Bajo difíciles condiciones climáticas -frío y lluvia- los velocistas argentinos se mostraron en buena forma. La recordwoman nacional de los 100 metros, María Victoria Woodward, ganó eta prueba con 12s.09, con viento en contra de 2ms, seguida por la velocista local Alinny Delgadillo (12s.21) y la chilena Javiera Cañas (21s24). También los 100 metros masculinos fueron para un argentino, el campeón nacional Matías Robledo (FOTO) quien marcó 10s77 y terminó delante del chileno Enzo Faulbaum (10s91) y del peruano Andy Martínez (10s92), ex iberoamericano. En los 200 metros, con cronometraje manual, el juvenil Valentín Della Giustina ganó con 21s7. Y en los 400 metros, Noelia Martínez marcó 54s50, para escoltar a la recordwoman chilena María Fernanda Mackenna (54s15).

Otar destacada actuación argentina le correspondió a Micaela Levaggi, al triunfar en los 5.000 metros con 16m29s11, cerca de la marca nacional u23 de Belén Casetta.

En lanzamiento de jabalina, el recordman nacional Braian Toledo quedó en 66.73 m para el segundo puesto, detrás del chileno Francisco Muse (69m00)

Germán Chiaraviglio, rumbo a los Odesur

Por Luciana Aranguiz / DIARIO CLARIN

Portar la bandera argentina en un evento deportivo es un honor con el que sueñan muchos atletas, pero sólo unos pocos logran hacerlo realidad. Para algunos llega como un premio por alguna actuación resonante o como un incentivo por el gran potencial que representan de cara al futuro. Para Germán Chiaraviglio, haber sido elegido como abanderado para los Juegos Sudamericanos es el reconocimiento a una carrera que construyó a base de talento, perseverancia y mucha pasión.

A su regreso de Estados Unidos, donde se entrenó en la costa Oeste con alguna que otra competencia esporádica para aprovechar su visita a California, el santafesino, con una vida dedicada al salto con garrocha, desgranó sus sensaciones ante Clarín por tener el orgullo de portar la bandera celeste y blanca la delegación nacional en la ceremonia inaugural de Cochabamba 2018 el próximo 26 de mayo.

“A veces cuando se evalúan a quiénes elegir para este tipo de cosas por ahí no sólo se tiene en cuenta un resultado técnico, sino toda una trayectoria. Creo que en mi caso fue así. Es una alegría enorme. Imaginate, entre tantos colegas tan talentosos, con tanto nivel y con carreras excelentes, que me hayan tenido en cuenta es un orgullo para mí y para el atletismo. Aunque eso también habla de que me estoy poniendo viejo”, reflexionó Chiaraviglio.

El santafesino no tuvo una carrera fácil. Después de su irrupción a nivel internacional con los títulos mundiales sub-18 en 2003 y sub-20 en 2006, le costó manejar las grandes expectativas externas y sus primeros años en mayores no fueron sencillos. Y cuando la madurez le enseñó a no quebrarse ante la presión, tuvo temporadas muy duras marcadas por lesiones. Aún así, logró meter su nombre en la historia grande del atletismo argentino.

Ganador de once títulos nacionales y actual bicampeón sudamericano, vivió momentos que no se borrarán de su memoria. Como ese salto de 5,75 metros en la final de los Panamericanos de Toronto 2015 con el que se colgó una medalla de plata y estableció un nuevo record argentino. O haber sido finalista en el Mundial de Beijing 2015 y en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

“Esto es un reconocimiento a todos los años que le dediqué a mi deporte y a todo lo que me costó. Tuve años complejos por las lesiones, pero pude recuperarme y volver después al nivel que pretendía. Me parece que todo eso puede haber ayudado para que me eligieran para este gran honor. Es sorpresivo, pero me hace muy feliz”, reconoció el santafesino. Y admitió que los mensajes que recibió de algunos colegas hace todo más especial.

“Que ellos, que son grandes deportistas y algunos hasta amigos que me dio el deporte, me feliciten y se pongan tan contentos como si fueran ellos los elegidos significa mucho. Y vale un montón”, aseguró.

Durante las semanas que pasó en Estados Unidos, terminó primero en un certamen en Los Ángeles con 5,45 metros y quinto en otro, más exigente, en Des Moines con 5,50. Hoy, de vuelta en Buenos Aires, ya tiene la cabeza puesta en Cochabamba.

“La idea es aprovechar estas semanas que quedan para los Odesur para ponerme bien físicamente, porque una molestia en la espalda me estuvo complicando. Todavía me falta un poco para llegar al nivel que creo que hay que tener para estar entre los mejores diez o quince del mundo, pero voy por el buen camino. Pude mantener una estabilidad desde que empezó el año entre 5,40 y 5,50, un piso que en 2017 me había costado bastante. Me veo bien para los Juegos, un poco más grande, pero con muchas ganas de representar a Argentina”, contó Chiaraviglio.

Y aunque la idea de volver a ser olímpico en lo ilusiona, prefiere no mirar demasiado hacia adelante. “Quiero ir despacito. Hoy quiero estar concentrado en los Odesur, que siempre son unos Juegos lindos porque empiezan a encender la llama olímpica y te renuevan la esperanza y las ganas de competir. Me encantaría ir a Tokio, pero sé que no es fácil. Y prefiero ir pensando en los objetivos años por año. Además ya tengo 31 años, físicamente estoy bien, pero hay días que cuesta más. Entonces es bueno ir pensando a corto o mediano plazo. Eso me va a dar más tranquilidad para disfrutar lo que me queda”, afirmó el santafesino, que a pesar del paso de los años y los obstáculos que tuvo en su carrera, no pierde la motivación.

“Soy un apasionado de esta disciplina, muy estudioso de lo que es el salto en sí, de la estadística histórica, de la biomecánica del movimiento, de todo lo que tiene que ver con el arte del salto con garrocha. Soy un obsesivo, pero me encanta. Y cuando uno hace algo con pasión no hay domingos ni feriados y no te pesa. Eso me motiva para seguir”, contó Chiaraviglio, el abanderado argentino para Cochabamba 2018.